“La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte. Y en este tiempo recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor”, con estas palabras el Santo Padre Francisco comienza su Mensaje para la Cuaresma 2017. Más adelante, con la ayuda de la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro (cfr. Lc 16, 19-31), nos dará algunas pistas para alcanzar la verdadera felicidad exhortándonos a una sincera conversión.

 A la luz de este documento, que podemos leer en aquí, recomiendo algunas películas que, como parábolas, pueden ayudarnos a reflexionar en la propia vida, en cómo estamos viviendo y cómo podemos volver a Dios y a los otros de todo corazón.

La Strada de Federico Fellini (Italia, 1954, 104 min.)

Esta película nos habla de un amor hasta el extremo (cfr. Jn 13, 1). Gelsomina (Giulietta Masina) es vendida por su madre al circiense y brutal Zampanó (Anthony Quinn). Pese a la actitud agresiva y violenta de Zampanó, la muchacha se siente atraída por este estilo de vida en la strada (la calle); sobre todo cuando su dueño la incluye como parte del espectáculo. Aunque varios de los personajes que se encuentra en el camino le ofrecen que se una a ellos, Gelsomina no se separa de su amado. El Papa Francisco nos dice en el Menaje de Cuaresma: “Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor. La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil”. Gelsomina, la muchachita de la calle, la payasita de tierna mirada, es maestra en esto.

El hombre equivocado de Alfred Hitchcock (EUA, 1956, 105 min.)

La película trata una historia real: la de Christopher Emmanuel Balestrero, un hombre acusado de un crimen que cometió. Llama la atención lo que significan sus nombres: Cristobal, “el que lleva a Cristo”; Emmanuel, “Dios con nosotros”. Con una excelente interpretación de Henry Fonda vemos a este hombre bueno (honrado, felizmente casado, padre ejemplar), llevado de un lado a otro como Jesús en su pasión (cfr. Lc 22-23). Ante el tribunal, en unas escenas impactantes y conmovedoras, podemos exclamar: “Verdaderamente este hombre era justo” (Lc 23, 47). Una película, como tantas de Hitchcock, que no nos deja tranquilos... y nos puede llevar a reflexionar en lo que no dice el Papa Francisco: “La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo”.

El Evangelio según san Mateo de Pier Paolo Pasolini (Italia, 1964, 130 min.)

Una obra maestra de la cinematografía que presenta con respeto, emotividad y realismo la vida de Jesús según el Evangelio de san Mateo. Con pocos recursos, con actores no profesionales, utilizando decorados mínimos, con una banda sonora que va desde las misas de Bach y Mozart hasta el blues, Pasolini crea una historia convincente de Jesús. La película sigue de manera líneal los 28 capítulos de Mateo desde la Anunciación hasta la Resurrección. Nunca podremos saber con exactitud cómo era físicamente Jesús de Nazarert; pero el Jesús que nos presenta Pasolini convence, conmueve y nos puede ayudar a aproximarnos al rostro lleno de amor, ternura y compasión de Jesús. Ganadora del premio OCIC (Organización Católica Internacional de Cine), hoy SIGNIS, en 1964.

Gran Torino de Clint Eastwood (EUA, 2008, 116 min.)

Walt Kowalski (Clint Eastwood) es un viudo que vive con su perra Daisy en Highland Park (Míchigan), un barrio recientemente "invadido" por inmigrantes de procedencia asiática (comunidad hmong). Walt se muestra siempre frío y malhumorado con sus nuevos vecinos, hasta que descubre a un joven llamado Thao Vang Lor (Bee Vang) intentando robar su Gran Troino. Ya veremos la transformación del personaje y cómo toda la película puede ser una parábola cristiana. “La justa relación con las personas consiste en reconocer con gratitud su valor. Incluso el pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida. La primera invitación que nos hace esta parábola (del hombre rico y el pobre Lázaro) es la de abrir la puerta de nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un pobre desconocido”, nos dice el Papa en su mensaje.

Chocolate de Lasse Hallström (Reino Unido, 2000, 121 min.)

La película nos remonta hasta el año 1959  -año en que el Papa Juan XXIII sueña y anuncia la celebración de un Concilio-, donde en un plano de vuelo somos llevados hasta una aldea gris y fría de la campiña francesa. En la iglesia del pueblo, a puertas cerradas, el sacerdote anuncia el comienzo de la cuaresma y exhorta al ayuno y a la penitencia. Desde el púlpito el sacerdote pregunta y se pregunta: “¿Dónde encontraremos la verdad? ¿Dónde se empieza a buscarla?”. Antes de terminar su sermón… un fuerte viento abre las puertas e irrumpe en toda la Iglesia. En este tiempo de Cuaresma una mujer y su hija llegan al pueblo y abren una chocolatería. Comer o no comer, salir o encerrarse, acoger o rechazar son los dilemas a los que se enfrentarán los protagonistas de esta historia.

¿Quién sabe cuánto cuesta hacer un ojal? de Ricardo Larraín, (Chile, 2005, 60 min.)

Esta película cuenta la historia de san Alberto Hurtado desde su niñez y juventud hasta su entrada a la Compañía de Jesús. Todo trasnscurre a principios de 1900, cuando el joven Alberto se pregunta por el sentido de su vida, de su fe como cristiano, de su vocación. En esta búsqueda pronto nos conectamos con él: cuando va al campo, a la universidad o con las costureras pobres a las que ayuda; cuando platica con su madre, cuando sale con los amigos, cuando ora y ayuna. Resuenan aquí las palabras del Santo Padre: La Cuaresma es un tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna. En la base de todo está la Palabra de Dios, que en este tiempo se nos invita a escuchar y a meditar con mayor frecuencia”.

Casino de Martín Scorsese (EUA-Francia, 1995, 184 min.)

Ace Rothstein (Robert de Niro) es un corredor de apuestas, administrador de un Casino. El mismo nos cuenta su historia: “En medio del desierto ganamos dinero, es el resultado de todas esas luces brillantes, los viajes regalados por cortesía, la champaña, las suites gratis, las mujeres y el alcohol. Todo se dispuso para que nosotros nos quedemos con su dinero. Esa es la verdad sobre Las Vegas”. Rothstein sabe que ha tenido buena mano y que según él ha recibido un paraíso en la tierra. La verdad, como veremos a lo largo de la película, este gran apostador tendrá las de perder. “El apóstol Pablo dice que «la codicia es la raíz de todos los males» (1 Tm 6,10). Esta es la causa principal de la corrupción y fuente de envidias, pleitos y recelos. El dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse en un ídolo tiránico”, leemos en el Mensaje del Papa.

El ciudadano Kane de Orson Welles (EUA., 1941, 119 min.)

Charles Foster Kane (Orson Welles) es un multimillonario, magnate de la prensa, que ha estado viviendo solo en su suntuosa finca Xanadu durante los últimos años de su vida. Muere en la cama pronunciando la palabra "Rosebud" mientras una bola de nieve cae de sus manos y se hace añicos. El periodista Jerry Thompson (William Allad) investiga sobre la vida privada de Kane con el objetivo de descubrir el significado de su última palabra al morir. Toda la película gira entorno a este enigma. “Para el hombre corrompido por el amor a las riquezas, no existe otra cosa que el propio yo, y por eso las personas que están a su alrededor no merecen su atención. El fruto del apego al dinero es una especie de ceguera”, nos dice el Papa Francisco en su mensaje. Reflexionemos: ¿Cómo vivió el ciudadano Kane? ¿Qué lo fue cegando en la vida? ¿Qué añora antes morir? 

Hermano sol, hermana luna de Franco Zeffirelli (Italia, 1972, 130 min.)

Hermano sol, hermana luna es una película llena de color, belleza y poesía sobre la vida de san Francisco de Asís (1181-1226). En poco más de dos horas podemos contemplar a Francisco cuando regresa enfermo y arrastrando los pies después de una guerra, cuando recuerda su vida llena de lujos, cuando baja a la tintorería de su padre y se conmueve hasta las lágrimas de la miseria de los obreros, cuando empieza su conversión y se despoja de su ropa para vivir en pobreza y con más libertad, cuando se va al campo y reconstruye una vieja iglesia, cuando inspira a muchos jóvenes a vivir el Evangelio. Francisco (Hermano sol) y Clara (Hermana luna) son dos grandes santos que pueden darnos mucha luz, color y esperanza en este tiempo en que el Papa Francisco nos invita a salir y ver al otro como don.

Las llaves del Reino de John M. Stahl (EUA, 1944, 137 min.)

Las llaves del Reino es un clásico del género religioso protagonizada por Gregory Peck que nos presenta con respeto y emotividad la vida de un sacerdote católico entregado a la misión, humilde, abierto, de buen humor y gran corazón. La película derrocha ecumenismo, misericordia, tolerancia, caridad creativa. Al ver la película pensemos en el Papa Francisco que nos dice: “la Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo. El Señor ―que en los cuarenta días que pasó en el desierto venció los engaños del Tentador― nos muestra el camino a seguir. Que el Espíritu Santo nos guíe a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega y servir a Cristo presente en los hermanos necesitados”.

Sergio Guzmán, S.J.

Monterrey, N.L. febrero de 2017