Monterrey, México.-Un grupo de sacerdotes de la arquidiócesis de Monterrey exigieron poner fin a la entrega de territorios para evitar la exploración y extracción no convencional de gas y petróleo, técnicamente conocida como "fracking" o fractura hidráulica, que daña la naturaleza. El pronunciamiento se hizo público frente al anuncio de la apertura por parte de la comisión Nacional de Hidrocarburos, de las licitaciones para la explotación petrolera a través del fracking, que según los presbíteros, ocasionaría un impacto negativo en la naturaleza.

Según el comunicado, el fracking representa la última y más violenta forma de explotación de recursos naturales, pues para extraer el petróleo y gas natural atrapados en los poros de formaciones rocosas, que  suelen encontrase a profundidades de entre mil y cinco mil metros, se requiere la utilización de la fracturación hidráulica o fracking, consistente en la perforación de un pozo vertical hasta alcanzar la formación que contiene gas o petróleo. Luego se realizan una serie de perforaciones horizontales en la lutita, que pueden extenderse por varios kilómetros en diversas direcciones. A través de estos pozos horizontales se fractura la roca con la inyección de una mezcla de agua, arena y sustancias químicas a elevada presión que fuerza el flujo y salida de los hidrocarburos de los poros, y se causa un severo daño a la naturaleza.

A continuación el texto íntegro del comunicado de los sacerdotes opuestos a fracking

EN NUEVO LEÓN Y EN MÉXICO DECIMOS: NO AL FRACKING,
NO A LA EXPLOTACIÓN VIOLENTA DE RECURSOS NATURALES

Monterrey, N.L., 21 de Marzo de 2018

 
Frente al anuncio de la apertura por parte de la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH) de las licitaciones para la exploración y extracción no convencional de gas y petróleo, técnicamente conocida como “fracking” o fractura hidráulica, los abajo firmantes, presbíteros de la Iglesia Católica de Monterrey, exigimos el alto de la entrega de territorios para este propósito.

El fracking representa la última y más violenta forma de explotación de recursos naturales. Veamos por qué…

Este método explota petróleo y gas natural atrapados en los poros de formaciones rocosas poco permeables denominadas lutitas situadas en el subsuelo. Suelen encontrase a profundidades de entre mil y cinco mil metros.
 
Debido a esto, la extracción de los hidrocarburos requiere la utilización de la fracturación hidráulica o fracking, consistente en la perforación de un pozo vertical hasta alcanzar la formación que contiene gas o petróleo. Luego se realizan una serie de perforaciones horizontales en la lutita, que pueden extenderse por varios kilómetros en diversas direcciones. A través de estos pozos horizontales se fractura la roca con la inyección de una mezcla de agua, arena y sustancias químicas a elevada presión que fuerza el flujo y salida de los hidrocarburos de los poros.

La fracturación de un solo pozo en toda su vida útil requiere entre 9 y 29 millones de litros de agua. Si consideramos que en la zona de Burgos-Picachos, que abarca parte de Nuevo León y Tamaulipas, se tiene programada la explotación de 10 mil pozos, y multiplicamos tal cantidad por 25,000,000 de litros que se consumen por pozo, obtenemos un consumo  en cuatro años de 250 mil millones de litros; 62,500 millones de litros por año, equivalentes a un consumo humano doméstico para la Zona Metropolitana de Monterrey (ZMM) de 2,300 litros por segundo, suficientes para cubrir una demanda adicional anual  mayor a un millón de personas.

Dice el papa Francisco: “En realidad, el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos.” (Encíclica Laudato si’ n. 30).
 
El impacto socioambiental del fracking es de efecto múltiple:

Disminuye la disponibilidad del agua.

Contamina las fuentes de agua por las sustancias utilizadas, las cuales son de gran toxicidad como el metanol, benceno, tolueno, etilbenceno y xileno. Además, el agua de desecho conocida como agua de retorno no sólo contiene los químicos y la arena que originalmente se introdujeron, sino también metales pesados, hidrocarburos e incluso materiales radioactivos, como el radón, que se encuentran en el subsuelo, causando una gran devastación a escala internacional.

Impactos sobre la salud: Al menos 25% de las sustancias utilizadas en las distintas mezclas de perforación pueden causar cáncer y mutaciones, 37% afectar al sistema endocrino, 40% provocar alergias y 50% dañar el sistema nervioso.

Desplazamiento de comunidades rurales de los lugares donde se establece esta técnica.

Emisión de gases que contribuyen al calentamiento global.

Sismos antropogénicos, los cuales ya se han producido en nuestro Estado, afectando algunas colonias de la ZMM, así como las estructuras hidráulicas de las presas del Cuchillo y la Boca.

Explotación incompatible con otras actividades económicas.

En Nuevo León, al desastre ecológico que significa la contaminación de la ZMM, la más contaminada del País, no se debe agregar esta injusticia socioambiental, por las licitaciones para la fractura hidráulica en 21 municipios, integrantes de la citada zona de Burgos- Picachos.
 
Consideramos que  la explotación de hidrocarburos mediante esta técnica NO es una opción para producir energía de manera sostenible; sigamos el ejemplo de países como Francia, Bulgaria, Alemania, Reino Unido, República Sudafricana, República Checa, España, Suiza, Austria, Irlanda del Norte, Italia, República de Irlanda, así como algunos estados en Estados Unidos, en donde se ha prohibido definitivamente esa práctica.
 
Por todo lo anterior declaramos:
 
Detengamos el desastre socioambiental. No al uso del fracking ni en Nuevo León ni en México, porque su uso desvía recursos que deberían dirigirse a las energías renovables.
 
Presbíteros Firmantes: Luis Eduardo Villareal Ríos, Cosme Carlos Ríos, Elías López Bautista, Guillermo Flores García, José Manuel Guerrero Loyola, Alejandro Beltrán Garza, Rodolfo Antonio García Martínez; y el Diác. Permanente Francisco Martínez Monsiváis.