Por: Olga Consuelo Vélez C.*

Han pasado 10 años desde la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y Caribeño celebrada en el Santuario de Nuestra Señora de Aparecida. Conviene preguntarse: ¿Qué impacto tuvo esta Conferencia en la Iglesia del Continente? la propuesta de la misión continental ¿qué tanto alcance desplegó? ¿cómo se fortaleció la identidad de discipulado misionero del pueblo de Dios? Muchas preguntas podrían hacerse y sería muy interesante contestarlas para tomar consciencia de lo alcanzado y señalar los retos pendientes. Pero es muy difícil poder tener datos consolidados de la realidad global de todo el continente y más difícil medir el impacto de experiencias como estas en las que mucho de su eficacia sobrepasa los cálculos humanos. Por eso nuestro objetivo es más modesto. En primer lugar, recordar algo de los énfasis que se marcaron en esa V Conferencia, valorar su significado y las perspectivas que se trazaron y, en segundo lugar, señalar algunos límites y desafíos que quedan pendientes, conectándolos con el actual pontificado.

1. Haciendo memoria de la V Conferencia

El 13 de mayo de 2007 se dio inicio a la V conferencia de Aparecida, inaugurada por Benedicto XVI, reuniendo a 266 personas entre Cardenales, Arzobispos, Obispos, presbíteros, religiosos/as, movimientos eclesiales, laicos/as, peritos y observadores de otras confesiones (25 de estos participantes, fueron mujeres[1]). La Conferencia se extendió hasta el 31 de mayo, 19 días en los que se trabajó sobre la responsabilidad pastoral de la iglesia en el continente concluyendo con la propuesta de una Misión continental que llevara a la iglesia a vivir en “permanente estado de misión” (DA 551) y “llamada a asumir una actitud de permanente conversión pastoral” (DA 366). En otras palabras, Aparecida buscó inspirar una Misión continental cuyo fruto fuera el que cada bautizado se renovara en la alegría de saberse discípulo misionero de Jesucristo para la vida de todos los pueblos. De hecho su tema fue: “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida”.

Cabe recordar dos eventos muy significativos que posiblemente la historia vaya dejando de lado y que, sin embargo, acompañaron ese acontecimiento eclesial. (1) “La tienda (carpa) de los mártires” que se estableció a las afueras de la Basílica y en donde se ofrecían talleres durante el día y se celebraba la Eucaristía a la tarde como manera de hacer presente la iglesia perseguida de América Latina que esperaba ver en Aparecida una continuidad de su caminar. Algunos de los sacerdotes y obispos presentes en la V Conferencia celebraron esas eucaristías diarias. (2) La presencia de teólogos y teólogas convocados por AMERINDIA[2] quienes con un compromiso incondicional estaban a disposición de los participantes de la V Conferencia para ofrecer reflexiones sobre los temas teológicos y pastorales que les fueran solicitados. Las directivas del CELAM autorizaron tal colaboración y algunos de los obispos, efectivamente, solicitaron su apoyo.

1.1 Aparecida y su recepción en algunos ámbitos teológicos

Muchas fueron las publicaciones que surgieron post Aparecida. Los títulos de los artículos publicados pueden darnos una idea de los deseos, esfuerzos y compromisos que suscitó tal acontecimiento. Nos queremos referir aquí a una de esas publicaciones, escogida no por ser la más significativa sino por la proximidad afectiva de quien escribe este texto con los autores y autoras del mismo. Me refiero a la publicación que hizo Amerindia con el título “Renacer de una esperanza”[3]. El título lo dice todo: La V Conferencia fue una esperanza, una luz, un renacer en medio del “invierno eclesial” que parecía se vivía en la Iglesia por la involución que el papado de Juan Pablo II y Benedicto XVI había dado en las últimas décadas, involución que, entre otras realidades, se manifestaba en una persecución al caminar de la Iglesia latinoamericana, notificando a algunos teólogos y teólogas por sus producciones teológicas[4], nombrando obispos de línea más conservadora y en el desmonte efectivo de trabajos pastorales en línea liberadora[5].

Conviene no olvidar que el “Documento final” aprobado en la asamblea de Aparecida fue “modificado” (no se supo exactamente quién lo modificó). Así lo expresó el Obispo de Jales de aquel entonces, Don Demetrio Valentini: “El oscuro episodio de las modificaciones introducidas en el texto de Aparecida arroja una sombra que acompaña ahora el proceso de recepción de la V Conferencia. Este episodio requerirá ser asimilado adecuadamente para que no perjudique los desarrollos positivos de Aparecida. Él se inscribe en el ámbito mayor de la caminada de la Iglesia de América Latina y el Caribe, y tiene que ver con la afirmación de su mayoría eclesial y la consecuente superación de la situación de tutela con que todavía es vista por parte de algunas instancias eclesiales”[6]. Con el pasar del tiempo este hecho se fue olvidando (y muchos no lo conocieron) pero hemos de aprender la lección de que estas situaciones no deben ocurrir en una institución que quiere escuchar al Espíritu que habla a través del pueblo de Dios reunido en su nombre para proponer directrices eclesiales.  

Como aspectos positivos, Don Demetrio señaló, el proceso de preparación, la dinámica interna de la asamblea, la influencia positiva del contexto y la recuperación del método ver-juzgar-actuar (DA 19). Como desdoblamientos posteriores anotó, la reafirmación del camino de la Iglesia latinoamericana y de la opción por los pobres, la valoración de las Comunidades Eclesiales de Base, la emergencia de nuevos sujetos (indígenas, afroamericanos, mujer, migrantes), la importancia de la Biblia al ser puesta en manos del pueblo, la significatividad del Vaticano II como referencia indispensable para la Iglesia de nuestro tiempo y la teología de la liberación que, aunque no fue citada, se puso en acto en la misma estructura del documento y en los aportes de los teólogos y teólogas de esta corriente, que quedaron incorporados en el documento final de Aparecida.

Pero centrémonos brevemente en el mismo Documento conclusivo de la V Conferencia. Estructurado en tres partes, en consonancia con el método ver-juzgar-actuar, comienza señalando “La vida de nuestros pueblos” en los que se hace una aproximación a la realidad sociocultural, socioeconómica, sociopolítica, enfatizando un tema tan actual hoy como la Biodiversidad, ecología, Amazonía y Antártida y reconociendo la pluralidad cultural que nos aportan los pueblos indígenas y afrodescendientes. Finaliza, esta primera parte del documento, señalando la situación de la iglesia en ese momento, mostrando sus esfuerzos pero también sus desafíos pendientes.

La segunda parte, “La vida de Jesucristo en los discípulos misioneros” comienza con la alegría de ser discípulos misioneros para anunciar el evangelio de Jesucristo y luego profundiza en aspectos centrales de la vocación de los discípulos misioneros a la santidad, a la comunión en la Iglesia y la centralidad del itinerario formativo de los discípulos misioneros para una vivencia cristiana verdaderamente comprometida con la misión.

La tercera parte, “La vida de Jesucristo para nuestros pueblos” señala todos los campos en los que la misión de la iglesia ha de desplegar su tarea para promover la vida plena en Cristo. Estas tres partes que condensan brevemente la riqueza del documento de Aparecida permiten ver los caminos abiertos por esta conferencia y lo que tendrían que haber sido estos 10 años post Aparecida. ¿Han sido todo esto?

1.2 Recepción de Aparecida en los planes globales del CELAM    (2007-2019)

El CELAM como directo responsable de la organización de las Conferencias latinoamericanas y caribeñas no tardó en trazar su plan global de acción desde las directrices de Aparecida. Es así como el primer plan post Aparecida (2007-2011[7]) lo encabeza con el tema de la Conferencia y señala el camino trazado por esta: “En la experiencia de Aparecida se concibió y maduró el compromiso por una gran acción posterior en todo el continente, al modo de un nuevo Pentecostés, que con el ardor de un testimonio claro y efectivo permita que nuestros pueblos, en Él, tengan vida plena (…) Aparecida procura inspirar una Misión Continental cuyo fruto sea el que cada bautizado se renueve en la alegría de saberse discípulo misionero de Jesucristo para la vida de todos”[8]. En la segunda parte del documento se propone una programación para esos cinco años con el objetivo de “Animar una conversión pastoral en las personas y estructuras para que la Iglesia sea más discípula y misionera y, en Jesucristo, hoy nuestros pueblos tengan vida”[9].  Y señala diferentes programas y líneas de acción para cada uno de los Departamentos inspirados en las directrices de Aparecida[10].

En el Plan Global 2011-2015[11] afirma que si en la etapa anterior se propuso poner en marcha la Misión Continental en esta se propone conseguir que ese impulso misionero se convierta en la pastoral ordinaria de la Iglesia para que la “Misión Continental se convierta en “Misión Permanente”. Uno de los párrafos más significativos por el interés de esta reflexión que estamos haciendo es la realidad expresada desde el Departamento de Misión y espiritualidad, refiriéndose a los desafíos pendientes: “El llamado a emprender una Misión continental y permanente entendida como Nueva Evangelización, todavía no recibe una respuesta adecuada por parte de todas las iglesias locales ni por todos en la Iglesia. La conversión pastoral, elemento evangelizador importante e imprescindible para que la Misión Continental sea vivida como Nueva Evangelización y se transforme en Misión Permanente, no ha penetrado en todas las instancias de la Iglesia ni con toda su profundidad. La catequesis, en muchos lados, sigue siendo doctrinal, ocasional, sin procesos; la liturgia sigue siendo, en muchos lugares, ritualista, esperando que llegue la anhelada inculturación después de 50 años de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II; la piedad popular, si bien, después de Aparecida, ha sido revalorada, no consigue integrarse en la pastoral orgánica”[12].

El actual Plan global 2015-2019[13] en el horizonte del actual pontificado, inicia con la propuesta de “una iglesia en salida” a partir de tres fundamentos teológicos: (1) cristológico, “Jesucristo se encarna en nuestra historia para que nuestros pueblos, en Él, tengan vida”; (2) eclesiológico, “Una iglesia pobre para los pobres y en salida misionera” y (3) antropológico-misionero, “Evangelizadores con espíritu”.

Este Plan global se estructura desde el método ver-juzgar-actuar y asume los documentos del magisterio latinoamericano -especialmente el documento de Aparecida- y la Exhortación apostólica Evangelii Gaudium y la Encíclica Laudato Si del Papa Francisco. De ahí que afirme que “junto con el Papa Francisco, vivimos con convicción y alegría el kairós de ser una iglesia en salida misionera cuyo nuevo centro es la periferia, el lugar donde la vida se encuentra amenazada. Renovamos nuestro compromiso de ser iglesia samaritana, misionera y pascual para el mundo que reclama una transformación auténtica frente a horizontes oscuros”[14]

Refiriéndose a la Misión continental propuesta en Aparecida, afirma: “hay que reconocer que los procesos de evangelización muchas veces han quedado incompletos debido a diversos factores, entre ellos, la falta de una comprensión más plena de lo que se la misión continental. Ésta no es solamente realizar planes, programas y acciones, que sería la dimensión programática de la misión, sino también y sobre todo, poner a la iglesia en estado permanente de misión, que sería la dimensión paradigmática, lo que implica un cambio de mentalidad y de actitudes en todos los ámbitos y una proyección hacia la vida social, económica, política y cultural, es decir, una auténtica conversión pastoral con impacto transformador”[15]. Y vuelve a reafirmar las inercias y actitudes pastorales que mantienen a la iglesia en su autoreferencialidad, impidiéndole ser una iglesia en salida misionera (la dificultad de asumir la eclesiología de Vaticano II, el clericalismo, la ausencia de autocrítica, espiritualidad intimista sin dimensión social, evangelización con poco ardor, sin nuevos métodos ni expresiones)[16].

Por todo lo anterior el objetivo del Plan global para este período se concretó así: “Promover, en comunión con las Conferencias Episcopales de América Latina y El Caribe, bajo la guía del Espíritu Santo, una Iglesia misionera en salida, pobre para los pobre, mediante su conversión pastoral en diálogo con el mundo, para anunciar con alegría a Jesucristo, vida plena para todos los pueblos”[17]. 

2. De Aparecida al Papa Francisco

Hemos constatado con los documentos del CELAM la forma como el dinamismo suscitado en Aparecida ha acompañado sus Planes Globales a lo largo de estos años, impulsando sus directrices. Pero también se han reconocido las dificultades para hacerlo realidad. Cada uno podrá constatar en sus iglesias particulares cómo se vivió el legado de Aparecida y qué logró transformar en estos diez años. Personalmente, no constato demasiados avances en mi iglesia particular. Pero lo que sí es constatable es que con el pontificado de Francisco la Iglesia latinoamericana volvió a encontrar el espacio y las posibilidades de desplegar su caminar señalado por las conferencias episcopales desde Medellín hasta Aparecida. Tanto es así que el hecho de que el Cardenal Bergoglio hubiese sido el Presidente de la Comisión de redacción en la Conferencia de Aparecida volvió a ocupar las primeras referencias para señalar esa continuidad, como lo presenta uno de los colaboradores de Francisco, el teólogo Carlos María Galli: “Hoy, Francisco encarna a nivel mundial el ‘rostro latinoamericano y caribeño de nuestra Iglesia’ (DA 100). Con Él la dinámica de la conversión misionera, impulsada desde la periferia latinoamericana, hace su aporte a la reforma de la Iglesia entera”[18].

De igual manera, el mismo Papa Francisco en la Jornada Mundial de la Juventud en Rio de Janeiro en 2013, reunido con la coordinación del CELAM, habló de la continuidad de Aparecida en las líneas de su pontificado[19]. Sobre la Misión continental, Francisco señaló que esta tiene dos dimensiones: programática (actos puntuales) y paradigmática (poner en clave misionera la actividad habitual de las iglesias particulares). Esta segunda dimensión es la que permitirá una verdadera renovación eclesial que no se refiere a aspectos organizativos sino a la misionariedad que supone: la renovación interna de la iglesia y el diálogo con el mundo actual.

Lo anterior nos sitúa ya en este pontificado con su magisterio bien conocido: Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium (2013), Carta Encíclica LAUDATO SI (2015) y Exhortación Apostólica Postsinodal Amoris Laetitia (2016). Especialmente la Evangelii Gaudium explicita esa continuidad con Aparecida: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda la estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo” (EG 27). El Papa con su estilo personal está cambiando todo y está interpelando a muchos. De una predicación de la norma y el deber ser, él está poniendo el énfasis en la alegría del evangelio y en la misericordia que llega a todos y en todas las circunstancias. De un temor a equivocarse en su compromiso social, Francisco no cesa de hablar de los pobres y del sistema que mata y crea más pobreza. La opción por los pobres (EG 197, 199, 200) no es una afirmación sino una apuesta de su pontificado. Y así quiere que sea la iglesia, en verdad pobre, libre, servidora de los más pobres (EG 198). Por eso denuncia el clericalismo y renueva la realidad del Pueblo de Dios al que él no cesa de llamar “el santo pueblo fiel de Dios (EG 95,130).

Conclusión

Ante nuestras preguntas iniciales sobre la repercusión real de Aparecida, los documentos del CELAM nos han dejado ver algunos esfuerzos pero también las dificultades para su puesta en práctica. El pontificado de Francisco nos ha conectado de nuevo con la urgencia de una conversión pastoral, especialmente hacia los pobres y hacia la misericordia. ¿Estamos dispuestos a secundar esta iniciativa? En un próximo aniversario de Aparecida o del pontificado de Francisco podremos dar una respuesta. Ojala sea positiva porque el Espíritu sopló en Aparecida y sigue soplando con Francisco. “Ojalá ‘hoy’ escuchemos su voz y no endurezcamos nuestros corazones” (Sal 94).

* Doctora en Teología por la Universidad Católica de Río de Janeiro (Brasil); profesora titular e investigadora de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana, en Bogotá (Colombia).

NOTAS

[1] Número muy limitado, constatando una vez más, la poca participación “efectiva” que tienen las mujeres en los espacios de reflexión y decisión eclesial.

[2] Red de católicos con espíritu ecuménico y abierta al diálogo y a la cooperación interreligiosa con otras instituciones. www.amerindiaenlared.org

[3] AMERINDIA. Renacer de una esperanza. Fundación Amerindia, INDO-AMERICAN PRESS SERVICE LTDA, Noviembre 2007

[4] Podemos nombrar, entre otros, a Leonardo Boff, Jon Sobrino, Ivone Gebara, etc.

[5] El Instituto de Pastoral Andina (IPA) en el sur peruano fue poco a poco debilitado gracias al nombramiento de obispos que no apoyaban ese tipo de trabajos pastorales. De igual manera en el vicariato de Sucumbíos (Ecuador) administrado por los carmelitas descalzos fue nombrado un obispo perteneciente a los Heraldos del Evangelio.

[6] Valentini, Demetrio. “Aparecida: valores y límites” en: AMERINDIA, Renacer de una esperanza, 9.

[7] Secretariado General del CELAM, Plan Global 2007-2011, Bogotá: Centro de publicaciones, 2008.

[8] CELAM, Plan global 2007-2011, 5-6.

[9] CELAM, Plan global 2007-2011, 57.

[10] Solo a modo de ejemplo, uno de los programas del Departamento de comunión eclesial y diálogo se expresa así: “Los obispos, discípulos misioneros de Jesús Sumo Sacerdote”. Es una expresión verdadera y válida pero es notoria la diferencia de perspectiva respecto al  Obispo de Roma: el obispo con “olor a oveja” que va delante, en medio y detrás de su pueblo (EG 24, 31).

[11] Secretariado General del CELAM, Plan Global 2011-2015, Bogotá: Centro de publicaciones, 2012.

[12] CELAM, Plan global 2011-2015, 62.

[13] Secretariado General del CELAM, Plan Global 2015-2019, Bogotá: Centro de publicaciones, 2015

[14] CELAM, Plan global 2015-2019, 19.

[15] CELAM, Plan global, 2015-2019, 39-40

[16] CELAM, Plan global, 2015-2019, 40

[17] CELAM, Plan global, 2015-2019, 69.

[18] Galli, Carlos María. “Líneas teológicas, pastorales y espirituales del magisterio del Papa Francisco”. Revista Medellín, Vol. XLIII, No. 167 (Enero- Abril 2017), 93-158, 101

[19] Discurso del Santo Padre Francisco en el Encuentro con el Comité de coordinación del CELAM, en Rio de Janeiro, 28 de julio de 2013. https://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2013/july/documents/papa-francesco_20130728_gmg-celam-rio.pdf