Por Jorge Villa, presidente de SIGNIS La Habana

La Habana.- Cuba, como otros países del orbe, presenta un marcado envejecimiento de la población. Las condiciones sociales y económicas del país influyen fuertemente en el bajo índice de natalidad, que ha provocado que las mujeres fértiles en matrimonio, decidan formar una familia con un solo hijo, o en el peor de los casos, abstenerse de tenerlos.

Las últimas estadísticas provenientes del Censo de Población y Viviendas del año 2012, señalan un 18,3% de población mayor de 60 años, esto implica la presencia de Cuba entre los países que tienen un mayor índice de envejecimiento en la región de América Latina y el Caribe. También es necesario notar que para el 2050 la Organización de las Naciones Unidas (ONU), según investigaciones realizadas por esa organización, expresa que el índice de la población mundial mayor de 60 años alcanzará un 20%.

El Estado cubano tiene un Programa de Atención Integral al Adulto Mayor, al cual le otorga una gran importancia, a pesar de las dificultades existentes, principalmente aquellas relacionadas con el medio habitacional. Esta situación, junto a otras, hace más complejo el problema de la tercera edad, pero indudablemente el esfuerzo y la primordial atención a la calidad de vida de los ancianos, siguen estando presente. Esta atención incluye la apertura, para aquellos adultos mayores que conservan sus capacidades físicas y mentales, de la Universidad del Adulto Mayor.

Nuestra Iglesia en Cuba, no es nada ajena a esta realidad y comparte la misma preocupación que el Estado Cubano. En varias diócesis del país existen las pastorales de atención al adulto mayor, no sólo para aquellos ancianos que se encuentran solos, sino también para aquellos otros, que por motivos laborales, de estudios, etc., permanecen un buen tiempo del día sin compañía. También se habilitan, hasta donde los propios recursos lo permiten, discretos comedores para alimentar a estos ancianos.

Gran importancia le concede nuestra iglesia el otorgarles un hogar a aquellos ancianos que carecen del mismo o no pueden ser atendidos por sus familiares. En la ciudad de La Habana se destacan las casas de ancianos San José, del municipio Playa y Santo Venia, del municipio 10 de octubre, atendidos ambos por laicos y religiosos.

No obstante la mayor preocupación, tanto de la Iglesia como del Estado, es el abuso y maltrato a los ancianos, personas que por lo general no gozan de sus capacidades mentales ni físicas para defenderse, ni siquiera para valerse por ellos mismos y que son ofendidos físicamente y verbalmente, lastimando su dignidad humana. El estado, que tiene a su disposición los medios de comunicación masiva, realiza importantes campañas contra el abuso y maltrato de la vejez, tanto por la prensa escrita, como por la radio y la televisión. La iglesia, por el contrario, al no tener a su disposición regularmente estos medios y sólo en ocasiones excepcionales, realiza su labor a nivel de vecindad, de iglesia, de parroquia, de diócesis, por cualquier medio que esté a su alcance para lograr una toma de conciencia sobre esta delicada situación.

Uno de estos medios son los encuentros que sobre La Tercera Edad y el envejecimiento, realiza el Hno. Jesús Bayo, en la sede de las Misioneras de la Iglesia Católica (MIC), en el Municipio Playa de la ciudad de La Habana. Estos encuentros se dan a conocer a través de las iglesias y parroquias y por promoción de la sede que acoge el encuentro.  A los mismos se invita además a varios sectores de la sociedad, amas de casa, trabajadores, estudiantes, en fin, a vecinos del barrio, y a través de testimonios y de historias vividas, se hace llegar a los asistentes lo delicado y a veces triste, de esta situación.

Nuestro Sumo Pontífice le presta mucha atención al envejecimiento poblacional, por lo que creo conveniente, antes de concluir, volver a recordar lo dicho por su Santidad en la Catequesis de Audiencia General en la Ciudad del Vaticano el 11 de marzo de 2015 y que tantas veces se ha publicado: Es un gran don para la iglesia, la oración de los abuelos y de los ancianos...es una riqueza. Una gran inyección de sabiduría también para la entera sociedad humana: sobre todo para aquella que está demasiada ocupada, demasiada absorbida, demasiado distraída.”