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Internacional

Papa Francisco pide a líderes del G 20 reformar la economía mundial

Papa Francisco pide a líderes del G 20 reformar la economía mundial

Ciudad del Vaticano/ Hamburgo, Alemania.- Con una reunión centrada en el tema del terrorismo internacional, la mañana de este viernes 7 de julio, comenzó en la ciudad alemana de Hamburgo la cumbre de los líderes de las principales economías del mundo y a las potencias emergentes, denominado G20.  El encuentro, que se extenderá hasta el sábado 8, estuvo precedido de protestas callejeras que fueron controladas por la policía. El Papa Francisco se dirigió a los líderes del G20 a través de un mensaje que le hizo llegar a la canciller alemán, Angela Merkel – anfitriona de esta cita. Ante todo el Obispo de Roma manifiesta su interés, y el de todos los Pastores de la Iglesia Católica, por los esfuerzos realizados a fin de asegurar la “gobernabilidad y la estabilidad de la economía mundial”, con especial atención a los mercados financieros, al comercio, a los problemas fiscales y, en general, a un crecimiento económico mundial que sea inclusivo y sostenible. Aludiendo al Documento pragmático de su Pontificado, la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, el Papa Bergoglio recuerda que ha propuesto cuatro principios de acción para la construcción de sociedades fraternas, justas y pacíficas con los siguientes términos: “El tiempo es superior al espacio”; “la unidad prevalece sobre el conflicto”; la realidad es más importante que la idea”; y “el todo es superior a las partes”. De manera que – como afirma el Sucesor de Pedro – siendo evidente que estas líneas pertenecen a la sabiduría multisecular de toda la humanidad, considera que bien pueden servir como contribución a esta reunión de Hamburgo así como para evaluar sus resultados.   Desglosando los cuatro principios, Francisco escribe que “en los corazones y en las mentes de los gobernantes y en cada una de las fases de actuación de las medidas políticas hay necesidad de dar prioridad absoluta a los pobres, a los prófugos, a los que sufren, a los desplazados y a los excluidos, sin distinción de nación, raza, religión o cultura, así como de suprimir los conflictos armados. De ahí que el Pontífice afirme que no puede dejar de dirigir a los Jefes de Estado y de Gobierno del G20, y a toda la comunidad mundial, un apremiante llamamiento por la trágica situación de Sudán del Sur, de la cuenca del Lago Chad, del Cuerno de África y del de Yemen, donde hay treinta millones de personas que no tienen agua ni comida para sobrevivir. Y añade que el empeño para salir urgentemente al encuentro de estas situaciones y dar una ayuda inmediata a esas poblaciones será un signo de la seriedad y sinceridad del empeño a medio término para reformar la economía mundial y una garantía de su desarrollo eficaz. Además, al acercarse el centenario de la Carta de Benedicto XV a los Jefes de los Pueblos Beligerantes, el Santo Padre escribe que se siente obligado a pedir al mundo que ponga fin a estos inútiles estragos. A la vez que recuerda que la finalidad del G20, y de otros encuentros anuales semejantes, es la de “resolver en paz las diferencias económicas y encontrar reglas financieras y comerciales comunes que permitan el desarrollo integral de todos, para alcanzar la Agenda 2030 y los Objetivos del desarrollo sostenible. Naturalmente el Pontífice no deja de recordar que esto sólo será posible si las partes se empeñan en reducir sustancialmente los niveles de conflictividad, detener la actual carrera armamentista y renunciar a implicarse directa o indirectamente en los conflictos, y si no se acepta discutir de modo sincero y transparente acerca de todas las divergencias. Porque como escribe el Papa Bergoglio “se trata de una trágica contradicción e incoherencia la aparente unidad en foros comunes con finalidad económica o social y la querida o aceptada persistencia de los enfrentamientos bélicos. El Santo Padre Francisco concluye su mensaje invocando la bendición de Dios sobre el encuentro de Hamburgo y sobre todos los esfuerzos de la comunidad internacional para activar una nueva era de desarrollo innovadora, interconectada, sostenible, respetuosa del ambiente e inclusiva de todos los pueblos y de todas las personas. (María Fernanda Bernasconi - RV). Fuente: Radio Vaticana
Falleció el vocero del papa San Juan Pablo II y Benedicto XVI, Joaquín Navarro-Valls

Falleció el vocero del papa San Juan Pablo II y Benedicto XVI, Joaquín Navarro-Valls

Roma, Italia.- A la edad de 81 años, la noche de este jueves 6 de julio, en Roma, falleció el médico y periodista español Joaquín Navarro-Valls, quien fuera director de la Sala de Prensa vaticana durante 22 años, y portavoz del ahora santo San Juan Pablo II y del papa Benedicto XVI. De 1977 a 1984 fue corresponsal del diario español ABC, para Italia y el Mediterráneo Oriental (Egipto, Grecia, Israel, Argelia y Turquía), período en que le correspondió cubrir, entre otros acontecimientos, el asesinato de Sadat y, como enviado especial, la crisis en Varsovia y la implantación de la ley marcial en diciembre de 1981, bajo la amenaza de los tanques rusos sobre Polonia. Su calidad humana y profesional llevó a sus colegas en Roma a elegirlo Presidente de la Asociación de la Prensa Extranjera en Italia. Su prestigio creció entre sus compañeros periodistas, cuando fueron detenidos dos colegas en una base militar italiana al intentar hacer un reportaje. El Gobierno italiano reaccionó con la amenaza de un juicio por espionaje. Joaquín se plantó en el Ministerio correspondiente haciendo notar lo desmesurado de la medida. El tema se diluyó cuando el futuro portavoz de la Santa Sede, amable pero firmemente, amenazó con movilizar a la prensa mundial, ante una reacción anómala y desenfocada contra dos excelentes periodistas. Según relata su hermano Rafael Navarro-Valls, su nombramiento como Director de la Sala de Prensa de la Santa Sede y portavoz del Papa sucedió así. Joaquín estaba presidiendo una rueda de prensa del magnate italiano Agnelli en la sede de la Asociación de la Prensa extranjera. Su secretaria le pasó una escueta nota: «Han llamado del Vaticano: el Papa le invita hoy a comer». Creyendo que era una broma, escribió a su vez: «Confirme la invitación». Confirmada, el Presidente de la Asociación de la Prensa extranjera se encontró en la necesidad de acabar la rueda y salir corriendo al Vaticano, pero sin menospreciar a Agnelli. Joaquín detuvo la rueda con estas elegantes palabras: «Sr. Agnelli, lo que está usted diciendo y lo que prometen sus palabras es tan interesante, que merece una nueva rueda de prensa lo más pronto posible». Lo que el Papa quería –Joaquín llegó a tiempo de corresponder a la invitación– era escuchar su punto de vista sobre una reestructuración de la Sala de Prensa del Vaticano.Joaquín, sin tener ni idea de la finalidad última de esas preguntas, emitió su sincera opinión. Días después, el Secretario de Estado le rogó que viniera a verle. Le propuso ser el portavoz papal y director de la Sala de Prensa de la Santa Sede. Joaquín –sorprendido– le dijo que tenía que pensárselo. El Secretario de Estado le contestó: «Piénselo usted, pero recuerde que, si no acepta, será la primera vez que alguien conteste negativamente a un ofrecimiento del Papa». Ante esto, Navarro-Valls se convirtió en el primer laico con esa misión. Que ciertamente resultó larga: durante casi un cuarto de siglo bregó con los 300 periodistas habitualmente acreditados ante el Vaticano, dio varias veces la vuelta al mundo acompañando a Juan Pablo II –luego a Benedicto XVI– en sus más de 100 viajes fuera de Italia a 128 países, y fue enviado especial del Papa a Moscú, La Habana (donde preparó con Fidel Castro la visita de Juan Pablo II a Cuba) y como miembro especial de la delegación de la Santa Sede en las Conferencias internacionales de la ONU en El Cairo (1984), Copenhague (1995), Pekín (1995) y Estambul (1996). Fue en la Conferencia de El Cairo cuando Navarro-Valls se enfrentó directamente con el Vicepresidente de Estados Unidos Al Gore. Se estaban debatiendo temas cercanos a la llamada salud reproductiva. Navarro se vio obligado a decir: «El vicepresidente se equivoca», a raíz de las versiones que Al Gore había lanzado sobre el significado de los textos en discusión. Y añadió: «El Cairo corre el riesgo de convertirse en una sesión llamada a sancionar un estilo de vida en círculos minoritarios de ciertas Sociedades opulentas, e imponer esos valores a las culturas emergentes y menos desarrolladas de nuestra sociedad». La reacción de Al Gore fue de sorpresa: no acertó a desmentir en el debate oral al Portavoz de la Santa Sede. Desde luego Joaquín fue un hombre valiente y leal a su misión en la Santa Sede. Pero también destacaba por un gran corazón. Cuando el 2 de abril de 2005 debió confirmar la muerte de Juan Pablo II, su voz entrecortada por las lágrimas conmovió una audiencia de millones de personas en todo el mundo. La misma reacción de afecto –de la que yo fui testigo, dice su hermano Rafael– que cuando el Papa nos llamó durante el velatorio de mi padre en Cartagena, para decirnos que rezaba por nuestro padre y especialmente por la mamma, nuestra madre. Su independencia y estrecho contacto con Juan Pablo II se facilitó por su nulo deseo de hacer carrera en la curia. De hecho, cuando dejó el puesto, eludió cualquier cargo en la Santa Sede, prefiriendo dedicarse a la medicina en una universidad de ciencias médicas de Roma. Unía una probada capacidad de conversador brillante, con el dominio de idiomas y afición por la música clásica, el tenis y la pesca submarina. Por otra parte, Joaquín fue un hombre de profundas convicciones religiosas. Su pertenencia al Opus Dei le facilitó incrementarlas y conferirles mayor solidez. También en este aspecto fue un hombre privilegiado al tratar y conocer con cierta profundidad a tres santos: San Juan Pablo II, San Josemaría y el Beato Álvaro del Portillo. Descanse en paz.