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Comunicación y Buen Vivir
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Aruskipasipxañanakasakipunirakispawa

Comunicación y Buen Vivir

Aruskipasipxañanakasakipunirakispawa

Adalid Contreras Baspineiro

Resumen

 

La Comunicación para el Vivir Bien/Buen Vivir es una expresión emergente de la comunicología latinoamericana y caribeña, recuperada de las resistencias, propuestas y formas de vida comunitaria de sociedades que diseñan/sueñan una civilización de la vida en armonía con convivencia comunitaria y una ecología comunicacional de dignificación de la sociedad y de la palabra, con una mirada desde las “epistemologías del sur”, un paradigma con un corpus teórico y metodológico que se asienta en prácticas dialogales y batallas por la significación de una nueva era, la de la vida buena en plenitud y convivencia comunitaria.

 

Palabras clave: Vivir Bien/Buen Vivir, Armonía, Equilibrio, Convivencia Comunitaria, Comunicología latinoamericana, Cuadralidad comunicativa, Lógica tetraléctica

 

Abstract

 

Communication for “Living Well / Good Living (Vivir Bien/ Buen Vivir)” is an emerging expression of Latin American and Caribbean communicology, recovered from the resistance, proposals and community lifestyles of societies who design and dream a civilization in harmony with communitary life and communicational ecology with the dignifying of society and of the word, with a look from the “epistemology of the south”, a paradigm with a theoretical and methodological corpus that is based on dialogic practices and battles for the significance of a new era, the one of a good life with plenitude and community convivence.

 

Key words: Good Living, Harmony, Balance, Community living, Latin American communications, Communicative qualdrilateral, Logical tetralic.

 

Introducción

 

La Comunicación para el Vivir Bien/Buen Vivir está buscando su legitimación en la comunicología latinoamericana-caribeña, dando continuidad, profundidad y actualidad a corrientes de pensamiento abonadas en nuestro continente y asumidas en el mundo académico y político como paradigmas de comunicación.  Me refiero a la Comunicación Popular que contiene a la Horizontal y Participativa y tiene la capacidad de desestabilizar la linealidad del Difusionismo, engarzando las construcciones discursivas en la praxis transformadora con la energía de la palabra ciudadana y de las luchas de las organizaciones sociales.  También las Mediaciones que amplían la noción de la participación y las interdiscursividades en el mundo denso y amplio de la cultura hecha en la vida cotidiana, son un referente paradigmático de nuestra comunicología.

 

Ambas son corrientes que surgen como respuestas a sus tiempos históricos y que logran trasponer sus fronteras territoriales, políticas y culturales, para convertirse en referentes del pensamiento comunicacional no solo continental, sino universal, edificando así una comunicología latinoamericana-caribeña que, para considerarse tal, consideramos que requiere cumplir al menos tres requisitos básicos: 1) ser expresiones de una epistemología del sur; 2) sostener un paradigma comunicacional; y 3) insertarse en el campo político y del desarrollo.

 

En el presente ensayo nos hemos propuesto demostrar cómo la Comunicación para el Vivir Bien/Buen Vivir responde a estos tres requerimientos, incluyéndose en el mapa de la ecología comunicacional latinoamericana-caribeña contemporánea.  En este cometido, el presente trabajo se subdivide en tres acápites que recogen los tres requisitos mencionados.

 

En el primer punto vamos a ver cómo el Vivir Bien/Buen Vivir, desde su cosmovisión integral de la vida buena en plenitud y armonía, es una de las expresiones más emblemáticas de las “epistemologías del sur”, que Boaventura de Sousa Santos las entiende como expresiones de subversión y ruptura con el pensamiento occidental eurocéntrico, cuna y hogar del colonialismo y el capitalismo.  Estas epistemologías emergen desde la resistencia y desde las respuestas y propuestas desterradas a la sombra intelectual y del poder, gestándose en el seno de los pueblos, las organizaciones y los movimientos sociales en su cotidianeidad comunitaria y la búsqueda de su inclusión en un mundo al que lo aspiran más equitativo.

 

El segundo factor que define la cualidad de una comunicología es la existencia de un paradigma de comunicación coherente con las epistemologías que lo sustentan.  En este trabajo entendemos el paradigma en el mismo sentido que lo define Thomas Kuhn, condicionando la formulación de un marco conceptual y metodológico para organizar una disciplina, en este caso centrada en la interacción discursiva que construye, de/construye y re/construye sentidos de sociedad, de cultura, de política y de espiritualidad.  Siguiendo la tradición latinoamericana, la Comunicación para el Vivir Bien/Buen Vivir, como se verá en el segundo punto de este trabajo, reivindica la trascendencia de la participación ciudadana en la expresión propia de la palabra y proyectos de sociedad acuñados en la cotidianeidad y las luchas de los pueblos.  Esto implica –como sugiere Benjamin- valorizar la experiencia, espacio donde los sensoriums se realizan en materialidades del discurso que están exigiéndole a la academia que se desburocratice de su racionalismo clásico y se abra al aporte de las gnosis libertarias para una justicia cognitiva.

 

El tercer punto revisa cómo la historicidad de las epistemologías y de los paradigmas se evidencian en la intervención de la acción comunicativa en el espacio de la acción política que la entendemos en el sentido definido por Bordieau, con la intervención de actores, organizaciones y sistemas políticos de lucha por relaciones de poder que suponen batallas por la significación y por la hegemonía.  La comunicología latinoamericana-caribeña es prolífica en sus aportes al cuestionamiento del desarrollo clásico y la Comunicación para el Vivir Bien/Buen Vivir va más allá del desarrollo, en tanto genera relatos y propuestas de alteración de las raíces históricas que sostienen las relaciones coloniales y capitalistas, por lo que sus enfoques y acciones encaminan un conjunto constructor de una nueva era civilizatoria.  En este sentido, la Comunicación para el Vivir Bien/Buen Vivir es expresión del camino de superación del desarrollo clásico confundido con crecimiento, al mismo tiempo que se convierte en la expresión de la civilización de la vida buena en plenitud con inclusión y justicia.

Vivir bien/buen vivir por un nuevo orden civilizatorio

 

Los siete pecados capitales del capital

 

En un extraordinario trabajo sobre las contradicciones y crisis del capital, David Harvey, señala que lo más llamativo no es tanto la transformación de los espacios físicos o materiales, sino los cambios espectaculares que se producen en los modos de pensamiento y de comprensión, en las instituciones y en las ideologías dominantes, en las alianzas y en los procesos políticos, en las subjetividades políticas, en las tecnologías y las formas organizativas, en las relaciones sociales, en las costumbres y los gustos culturales que conforman la vida cotidiana (2014, p. 11).

En otras palabras, en los ámbitos sociales, culturales, políticos, ideológicos y espirituales, con los cuales la comunicación guarda estrecha relación perteneciéndolos, enlazándolos y relacionándolos en interdependencias en las que el discurso opera como el hilo que cose sus ribetes conformando un tejido estructural y coherente de elementos que constituyen las formaciones sociales.

 

En el mismo sentido, en su caracterización de las “epistemologías del sur”, Boaventura de Sousa Santos, expresa que el capitalismo y el colonialismo germinan distintas “naturalizaciones de la desigualdad” en las que se han desdoblado, como ser el valor de cambio, la propiedad individual de la tierra, el sacrificio de la madre tierra, el racismo, el sexismo, el individualismo, lo material por encima de lo espiritual y todos los demás monocultivos de la mente y de la sociedad –económicos, políticos y culturales- que intentan bloquear la imaginación emancipadora y sacrificar las alternativas (2011, p. 16).

 

El Vivir Bien/Buen Vivir se ubica en el punto de transición de estos factores como una alternativa que permite avizorar otro futuro civilizatorio: la sociedad de la vida buena en plenitud, que para ser construida tiene que saber superar un capitalismo salvaje cada vez más desigual, depredador, discriminador y racista.  En esta línea, de manera más concreta, los elementos del (des)orden estructural que se tienen que transformar mediante diversas y encadenadas rupturas, son estos que hemos denominado “los siete pecados capitales del capital”: 1) el “vivir mejor” desigualador, concentrador de capital, hegemonizador del valor del cambio sobre el de uso, característico del capitalismo y más específicamente del neoliberalismo; 2) los rasgos racistas y xenofóbicos del (neo)colonialismo, que se ejercen contra pueblos y desplazamientos migratorios; 3) el patriarcado; 4) las prácticas depredadoras que se ejercen sobre el medio ambiente y los ecosistemas; 5) la sociedad del individualismo egoísta que ralentiza el goce social; 6) el desarrollo lineal confundido con crecimiento económico y con progreso; y 7) la mercantilización de la comunicación.

 

Desde el Sur

 

Gérmenes de superación de estas malformaciones se encuentran contenidos en las prácticas de resistencia, en la cotidianeidad comunitaria, en las luchas emancipadoras y en las expresiones de subversión con el pensamiento occidental por parte de los pueblos y sociedades de nuestro continente que han crecido en las entrañas y ribetes de sucesivos sistemas de dominación.  En estas experiencias se labran sentipensamientos desde sociedades que no aceptan el sometimiento y que por cuestiones de geopolítica viven y sienten nuestro planeta desde el Sur (Ramírez, 2010, p. 135).

 

Se trata de un Sur metafórico constituido por una diversidad de sociedades invisibilizadas desde los Nortes geopolíticos y también desde los metafóricos conformados por los grupos de poder que representan y reproducen localmente las formas (neo)coloniales y las malformaciones de los siete y más pecados del capital.  Como dice Boaventura de Sousa Santos, las “Epistemologías del Sur” son las reivindicaciones que se tejen “a partir de las prácticas de las clases y grupos sociales que han sufrido, de manera sistemática, destrucción, opresión y discriminación” (2011, p. 16).

 

Y sin lugar a dudas, como veremos en las siguientes páginas, el Vivir Bien/Buen Vivir es una de las expresiones contemporáneas más paradigmáticas de estas reivindicaciones emancipadoras, en tanto podría legitimarse no solamente como alternativa para el Sur, sino desde el Sur o los Sures para el conjunto del planeta, en una especie de cumplimiento premonitorio de la profecía de la anciana y sabia mujer de la tribu Cree, llamada “Ojos de Fuego”, quien adelantó que desde el Sur llegarán los Guerreros del Arco Iris para que con su vivencia, su herencia y su energía volvamos a estar en armonía con la Naturaleza, con la Madre Tierra y con la humanidad.

 

Cosmovisión de la vida en armonía y plenitud

 

La cosmovisión que sustenta el Vivir Bien/Buen Vivir es la “cosmoconvivencia” que se refiere a la vida en y del cosmos.  Es una perspectiva que se compone de cuatro visiones a las que interrelaciona de manera interdependiente: la biocéntrica que tiene como su eje la vida, la etnocéntrica centrada en el desarrollo humano, la ecocéntrica referida al desarrollo sostenible, y la cosmocéntrica que enlaza la vida del planeta con el cosmos y los dioses.

 

En esta unidad, el Vivir Bien/Buen Vivir se constituye en el paradigma de una nueva civilización donde ocurre una doble revolución copernicana en la concepción del desarrollo.  Primera: Ya no gira todo en torno al crecimiento económico sino que lo económico gira más bien en torno al crecimiento en humanidad.  Segunda, tampoco la Madre Tierra –el Cosmos, siendo más inclusivos– gira en torno de los humanos sino que nosotros también nos sentimos fruto y parte de esta Madre Tierra y Cosmos, y tenemos que avanzar y convivir juntos de una manera armónica.  De la prioridad económica se pasa a la humana, y ésta se inserta en lo cósmico, que no excluye lo demás, pero le da un sentido más incluyente (Albó, 2010, p. 140).

 

Para caracterizar los elementos que componen el Vivir Bien/Buen Vivir, hemos propuesto como categorías explicativas básicas su esencia y su historicidad (Contreras, 2014, pp. 51 – 65).  Por su esencia o naturaleza es:

  1. una propuesta de “la vida buen en plenitud” (Macas, 2010, p. 14), digna, sin carencias ni acumulaciones que generen asimetrías;
  2. una sociedad con acceso directo a los bienes comunes de la humanidad, o apropiación de los valores de uso (vivienda, salud, educación, seguridad alimentaria, comunicación) como derechos;
  3. un estado de armonía de los seres humanos consigo mismos; en sus relaciones de sociedad con otros seres humanos; en sus relaciones con la naturaleza o la Madre Tierra; y en sus relaciones con el cosmos;
  4. un sistema de convivencia comunitaria y colaborativa con complementariedades que reconocen coexistencias en paridad con otros, desarrollando reciprocidades con correspondencia proporcional de las solidaridades;
  5. la búsqueda permanente de equilibrio en relaciones incluyentes con justicia y primacía de los derechos humanos y de la naturaleza; y
  6. la integridad en los valores y comportamientos para la relación fraterna, la equidad, inclusión e igualdad y el reconocimiento afectivo y solidario.

 

Desde la perspectiva de su historicidad, el Vivir Bien/Buen Vivir es una propuesta de equidad y justicia alternativa al capitalismo; de oposición y superación del desarrollo como proceso lineal; con sentido descolonizador de las relaciones socioculturales y de los saberes; promotor de interculturalidades, así como de Estados y regiones plurinacionales en un mundo que debe ser reestructurado desde la sinergia de las propuestas “glocales” con sentido integracionista.

 

Los orígenes y la marca indígena

 

Para entender, apropiarse e implementar de manera pertinente a cada realidad la cosmovisión del Vivir Bien/Buen Vivir, es necesario conocer/valorar la trascendencia de su origen o momento constitutivo2 en los pueblos del Abya Yala3 y sus fecundas experiencias de vida comunitaria con las que sostienen resistencias a centenarias historias de dominación, ofreciendo una alternativa viable para su propia reconstitución y descolonización, así como para la vida en y del planeta.

 

Como es sabido, uno de los rasgos característicos del Abya Yala es la riqueza de su diversidad, con el desarrollo paralelo y a veces interconectado de diversos pueblos que coinciden en sus concepciones y prácticas, como es el caso de las manifestaciones originarias sobre la “espléndida vida” buena y en armonía, que en un listado preliminar a ser complementado, nos muestra la existencia del Suma Qamaña aymara en las tierras altas de Bolivia, Perú y Chile; el Sumak Kausay quichua/quechua en los valles interandinos que van desde el norte argentino hasta Colombia, pasando por Bolivia, Perú y Ecuador; el Wacha´lal en la región maya centroamericana y mexicana; el Tekó Kaví guaraní del Paraguay, noreste argentino y sureste boliviano; el Küme Mongen mapuche del sur chileno; y el Lekil Kuxlejal tsotsil y tzeltal chiapacanecos.

 

La nación aymara considera la articulación de tres niveles de vida en plenitud: el Suma Jaqaña o Vivir Bien individual, el Suma Qamaña o Vivir Bien comunitario y el Khuska Qamaña donde todo está armónicamente en su lugar materializando la convivencia y la vida digna.  La equidad y la justicia son condiciones radicales para el Vivir Bien/Buen Vivir, que para el Sumak Kausay quichua/quechua, se expresa en solidaridades, con lo suficiente para una vida sana, sin excesos, sin carencias, sin apuros ni angustias, ahora y en el futuro.  El Wach’alal maya que significa “como mi hermano y mi otro yo” estrecha lazos de ayuda mutua y cooperación (Tiqato’ qi’).

 

En sus diferentes expresiones, el Vivir Bien/Buen Vivir implica un compromiso vinculante con la Pachamama/Madre Tierra, los Achachilas/dioses tutelares y Umalmama/agua y territorio (Yampara, 2004, p. 3) en una relación de integralidad que se representa bien en el Küme Mongen mapuche, basado en el equilibrio interior a las personas y exterior en una cultura de la vida en armonía con todos los seres vivos, con Dios, con las fuerzas espirituales y con la naturaleza, cobijándose y cuidándose entre ellos (personas, animales, plantas, montañas, Madre Tierra y dioses).

 

Un elemento característico de esta diversidad coincidente de concepciones de la vida, es la interculturalidad que además de valorar el (re)conocimiento de los otros, propone dinamizar interacciones entre personas y culturas diferentes para enfrentar y superar las asimetrías (Walsh, 2009, p. 45) “bajo condiciones de respeto, igualdad y desarrollo de espacios comunes” (Ayala, 2011, pp. 57-59), en el sentido del ch´ixi (plomizo) que Silvia Rivera define como la “coexistencia en paralelo de múltiples diferencias culturales que no se funden, sino que antagonizan o se complementan” (2010, p. 70), con valoraciones, responsabilidades y obligatoriedades (Kowii, 2011: 27) y compromisos vinculantes o contratos entre los humanos con la Pachamama y consigo mismos (Lajo, 2010, p. 124) La vigencia de esta diversidad condiciona el diseño de Estados Plurinacionales que superen las constituciones de una sola cultura, una sola religión y una sola ideología.

 

En su recorrido histórico y búsqueda de su constitución como paradigma, el origen indígena del Vivir Bien/Buen Vivir se enriquece con las reivindicaciones de los movimientos antisistémicos, las conquistas por la equidad de género, las de los activistas y defensores de los derechos humanos y de la naturaleza, las reivindicaciones del pueblo afrodescendiente en la diáspora reparadora de su existencia, en las revoluciones en democracia, en las inclusiones de los desplazados, en la sinergia de los migrantes, en las fuerzas integracionistas de los pueblos, en la teología liberadora y en todos los movimientos que globalizan la esperanza con justicia.

 

Acaso el elemento común más destacado en esta realidad diversa y que permite amalgamar el origen indígena del Vivir Bien/Buen Vivir con las características particulares de otras y diversas realidades, sea el don de la reciprocidad, cuyo elemento articulador de los intercambios, de las relaciones de confianza, responsabilidad, justicia, amistad y fe es la comunidad, que a decir de Dominique Temple, es una creación que nace de la articulación de las múltiples estructuras de reciprocidad (2003, p. 123) familiar, interfamiliar y social.  En este cometido, el Vivir Bien/Buen Vivir sigue un devenir histórico con el sentido aymara del amta, que consiste en reconstituir la sociedad comunitaria en una especie de “recuerdo del futuro” (Choque, 2007, p. 281)

Adalid Contreras Baspineiro es sociólogo y comunicólogo boliviano. Ex Secretario General de la Comunidad Andina – CAN.

 

Universidad Andina Simón Bolívar, sede Ecuador
adalid.contreras1@gmail.com

 

Fuente: Razón y Palabra

La comunicación para el vivir bien/buen vivir
La palabra que camina: khuskakipxañasataki

 

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