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Narrativas nuevas para vivir en paz

SIGNIS ALC

28 diciembre 2018

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Narrativas nuevas para vivir en paz

Narrativas nuevas para vivir en paz

Beatriz González, MA, EMBA*“Pedimos ser custodios de nuestros hermanos que están pasando por momentos difíciles y no tienen que comer, son desalojados, no tienen techo.” (Papa Francisco)

 

El propósito de este artículo es proporcionar una visión informada acerca del fenómeno migratorio que en su estatus contemporáneo afecta a millones de personas e invitar con ello a que usted, estimado lector, se disponga a mantener una actitud de “acogida” hacia cualquier persona cercana —prójimo inmediato— o bien, a nivel de incidencia pública, en la parroquia, en la comunidad, en la escuela, en la universidad, en cualquier espacio común, de forma que se comparta y se generalice la actitud cristiana de la Obra de Misericordia que es “dar posada al peregrino”, en un tiempo donde, principalmente por los medios de comunicación masiva y los discursos políticos, se le ha dado una gran relevancia en el ámbito público al fenómeno de la migración.

 

¿Qué es el fenómeno migratorio?

 

Se cuentan que casi 250 millones de personas en el mundo han emigrado de su lugar de origen a otro lugar para habitar. (ver imagen que muestra las zonas con mayor migración neta). De acuerdo al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) la mayoría del flujo migratorio global se consideran como “migrantes económicos y sociales”; es decir, personas que han salido de su país en busca de oportunidades laborales o para encontrar una mejor calidad de vida. Dentro de esta población en movilidad, podemos identificar los que emigran de países en pobreza extrema o con situaciones de conflicto y de persecución, que son los que pueden llegar a jugarse la vida al intentar entrar a otro país. El flujo migratorio total representa el 3% de la población del mundo que para 2018 que es de 7,631 millones de personas.

 

Del total de migrantes, aproximadamente 68.5 millones se consideran población desplazada y 22.5 millones califican en el estatus de “refugiados”.  Se define como “refugiado” a aquella persona que huye de conflictos armados, violencia o persecución y se ve por ello obligada a cruzar la frontera de su país de orígen en búsqueda de seguridad inmediata.

 

¿Qué repercusiones tiene la migración humana?

 

La aguda influencia de estas poblaciones migrantes en las sociedades y en las economías de los países contemporáneos, es innegable. Y no solamente afectan en razón del número en desplazamiento, sino también porque implican la acogida—muchas veces no prevista— en los lugares hacia donde se “encala” el flujo migratorio al que se unen, provocando profundos cambios sociales, que no solamente son provocados por población “de paso”, sino porque va habiendo un establecimiento de los que encuentran la manera de hacerlo. La vida encuentra su cauce y modifica el panorama en el que se establece.

 

En los espacios internacionales se habla cada vez más de los desplazados, algunos también consecuencia de los desastres naturales, provocados en parte por cambios climáticos o situaciones endémicas de corrupción, violencia y pobreza. Muchas de estas personas se desplazan y provocan cambios dentro de los mismos países. Estas son poblaciones de migrantes conformadas por familias enteras obligadas a emprender camino, ya que su seguridad está puesta en riesgo inminente. Del cambio climático podríamos estar también hablando de procesos aparentemente invisibles como puede ser la desertificación paulatina o inclusive la desaparición de territorios con la subida de los niveles de mares y ríos importantes. Tomando en cuenta todos estos factores y profundizando en análisis prospectivos de diversas fuentes, es posible prever que el número de refugiados y desplazados, se multipliquen 4 veces en los próximos 10 años. Esto implicaría que para la mitad del primer siglo del segundo milenio, más del 10% de la población mundial será migrante.

 

Es entonces un fenómeno a todas vistas de  grandes e históricas proporciones y el que el Papa Francisco ha colocado de manera profética en el centro de su pontificado, posiblemente fundamentada por su disciplinada observación del acontecer sobre el Pueblo de Dios desde que era Cardenal de la Arquidiócesis de Buenos Aires. Es por eso que desde un inicio nos habla con gran familiaridad de los problemas que vivimos las familias, la Iglesia, gran familia de Dios que peregrina. Claramente nos ha ido formando en la conciencia acerca de esa “cultura del descarte” que viene consecuencia de estilos de vida que se derivan consecuencia de todos estos fenómenos sociales de gran complejidad.

 

“Hacer la paz, es hacernos cargo de esos hermanos. Cuando ya olvidamos a los hermanos que está sufriendo, ya sembramos una semilla de violencia.” (Card. Jorge Bergoglio)

 

¿A quién le debe interesar la migración?

 

A cualquier ser humano. A todo aquel que quiera vivir en paz. Toda familia puede convertirse en migrante. Como inclusive lo fue la Sagrada Familia. La condición de migrante puede ser obtenida no sólo por razones económicas o por razones sociales, sino también por razones de la más diversa índole. Además de que es parte de la naturaleza humana, ya en el siglo XXI, con la interconectividad digital y la facilidad en el transporte, en la economía globalizante y globalizadora —economías de “vasos comunicantes”— cualquier persona puede convertirse en migrante.

 

Ahora, bien, cuando se trata de migración forzada, afecta en primer lugar a la Persona Humana, y en consecuencia a la familia, la Iglesia Doméstica. Es una afectación grave, multifactorial y que implica amplitud de ángulos y de perspectivas. Es por tanto un tema que también interesa a la Iglesia y por tanto a los católicos del mundo. Hoy podemos ver cómo casi cualquier parroquia se ha convertido en lugar de “refugio”, al menos espiritual y dónde confluyen muchísimos grupos y culturas. Esto es una realidad en muchísimas partes del mundo. Casi todos los obispos de las diócesis de todo rincón del globo, han tenido que establecer programas pastorales en idiomas adicionales a los oficiales del país en el que se encuentran. Es una realidad en Europa, por ejemplo, donde los catecúmenos provenientes del Islam y de otras religiones, han ido en aumento en las últimas décadas. Cualquiera que haya visitado un santuario mariano en Francia o Alemania, puede dar cuenta de esto. ¡Gracias a la migración se han encontrado a Jesús! Así es como la migración humana es un asunto que nos interesa a usted y a mí. Interesa a quienes queremos edificar la Civilización del Amor; nos interesa, si queremos vivir en paz.

 

Todo estado moderno, ha tenido y tendrá que contar con una política migratoria que le permita convivir en el contexto global y atender la población humana en movimiento.  Es una materia de seguridad nacional. Políticas públicas nacionales y acuerdos de cooperación internacional con mecanismos e instituciones eficaces, serán cada vez más necesarios porque además, los flujos de población migrante se hacen cada vez más complejos. Hay evidencia de que se entremezclan poblaciones, tanto migrantes sociales, económicos, como refugiados que huyen por los más diversos motivos. Se suman en grupos para enfrentarse a tortuoso de los trayectos. Hay entonces que comprender para interesarse y poder hacer algo ante el fenómeno. Estos movimientos siguen una lógica, nos muestran un “camino” histórico. Tienen causas y consecuencias. Nos dan una lectura y claves de comprensión para la política práctica, para crear respuestas responsables al alcance de quienes se interesan. Si queremos que el mundo viva en paz, necesitamos provocar procesos de cooperación, de acogida, de participación, de responsabilidad; solidaridad y caridad participativa y organizada. Multitud de actores a informar, a formar y a articular. Desde lo local, hasta lo global. ¡Hagamos nuestra parte! Y para eso, el primer paso es comprender mejor la realidad.

 

¿Cómo podemos comprender mejor?

 

En primer lugar una comprensión integral de la migración. El movimiento humano ha dado pie a que a lo largo y ancho del globo terráqueo muchísimas “rutas de migración” hayan cobrado forma y sigan sirviendo de “canales” de movilidad humana.

 

Organizaciones globales como la International Federation of Red Cross and Red Crescent Societies (IFRC) o la Organización Internacional de las Migraciones (OIM) desarrollan mapas de las rutas de migración humana y entre ellas ha identificado las 5 más congestionadas del mundo. Me referiré a dos de ellas. La de mayor número, que es la ruta Mediterránea del Este, alimentada principalmente de las poblaciones que buscan alcanzar Europa provenientes de 10 países ( Siria, Afganistán, Eritrea, Nigeria, Pakistán, Irak, Somalia, Sudán, Gambia y Bangladesh, en ese orden según aportación de población migratoria). Esta ruta se alimenta principalmente por la persecución religiosa y los conflictos violentos entre tribus.

 

Posteriormente la Ruta de América Central hacia América del Norte, que comienza en Panamá y termina en Laredo, El Paso y Tijuana, siendo este último el cruce de mayor flujo. Esta ruta migratoria tiene una particularidad: 68,000 menores sin compañía de un adulto responsable se tiene registrado cruzaron entre 2013 y 2014 de acuerdo a las Aduanas de los EEUU y la autoridad de protección de la frontera de este país. Adicionalmente que se tiene evidencia de cómo estas rutas se combinan con rutas de tráfico de personas, tráfico de armas y redes de delincuencia organizada y narcotráfico.

 

Un poco más al sur, aunque es un tipo de migración diferente, ya que la ruta terrestre no se puede completar debido al Tapón del Darién entre las fronteras de Panamá al norte y Colombia al sur, tenemos la migración de más de 6 millones de personas desplazadas durante las 4 décadas del conflicto armado dentro de Colombia que llegó a su culmen en la primera década después del año 2000.

 

En 2018 podemos hablar de tres importantes flujos migratorios que guardan diferentes características entre sí, utilizando la misma “ruta migratoria”. El primero es un desplazamiento de alrededor de 30,000 migrantes de Haití que se desconcentran al sur hacia la frontera norte del Brasil y al norte, en la Ciudad de Tijuana, en el estado de Baja California Norte, en México. El segundo es el de migrantes provenientes de Venezuela, quienes se han establecido en diferentes países: Colombia (870,093), Perú (354,421), E.E.U.U. (290,224) España (208,333), Chile (105,756), Panamá (75,990), Ecuador (39,519), México (32,582) y Costa Rica (8,892). Esto quiere decir que cerca de 2 millones de venezolanos han emigrado en los últimos 5 años, estableciéndose en estos países en donde se han inculturado pues muchos cuentan con una formación profesional que les ha permitido emigrar de forma legal. Posiblemente la excepción ha sido hacia los programas vecinos donde las fronteras son “flotantes”, es decir que no hay un muro divisorio, sino que los accidentes de la naturaleza son los que marcan las fronteras.

 

Más recientemente podemos también hablar de la llamada “caravana” que es un flujo, posiblemente ya manipulado por diversos actores, que se estima en más de 5,000 personas, entre las que se cuentan jóvenes, mujeres, ancianos y niños que han puesto en marcha, expulsados por los estados centroamericanos en conflicto y en situaciones de pobreza, como es Honduras principalmente, pero entre los que también se cuentan de Nicaragua, El Salvador y Guatemala.

 

“Tanto emigrantes como poblaciones locales que los acogen, forman parte de una sola familia, y todos tienen el mismo derecho a gozar de los bienes de la tierra, cuya destinación es universal, como enseña la doctrina social de la Iglesia”. (Benedicto XVI)

 

¿Cómo promover, entonces, narrativas de inclusión, solidaridad y empatía frente al fenómeno migratorio?

 

El fenómeno migratorio tema que es de prioridad emergente y que se relaciona con otros temas de interés para la creación del Bien Común. Por ejemplo, el desarrollo, el estado de derecho en los países participantes en las regiones económicas formadas por tratados y pactos económicos internacionales.

 

Ante la complejidad del fenómeno, se vislumbra también la gran necesidad de desarrollar serenidad institucional y personal para poder comunicar en verdad desde las particulares posiciones de liderazgo, para enseñar acerca de lo que sucede, o bien, para fomentar la capacidad de reflexión para identificar lo prioritario para contribuir al bien de la sociedad; tanto global, como localmente. Así mismo, estimular de forma sistemática, la mayor cantidad posible de acciones comunes que puedan ser colaboración estrecha entre las más diversas creatividades.

 

También en otras cosas que podemos hacer de manera individual o en comunidad próxima. Por ejemplo, la decisión de cada participante y con nuestro liderazgo, de “caminar juntos”. Es decir, entender que todos somo peregrinos y que participamos como personas únicas e irrepetibles de un momento de la historia. Una posibilidad que cada quien tiene que pensar en respetar y hacer respetar la autoridad. Con esa autoridad, propiciar el diálogo.Y para ello, promover seria y sistemáticamente la “escucha”.

 

Hemos venido dando seguimiento en razón a la afectación a la familia que tiene este fenómeno y la prioridad que tiene este tema en el pontificado del Papa Francisco. Es innegable el flujo migratorio ascendente al que además de hermanos centroamericanos en lo que hoy podríamos ya nombrar ruta migratoria en América , se han ido uniendo numerosos grupos de migrantes haitianos, así como de venezolanos que describo en párrafos anteriores. Tal vez estos pueblos de forma más notoria y que sientan precedente a la crisis migratoria que se ha ido gestando durante los últimos años en América y el Caribe. Por otro lado porque desde la fundación que co-presido, identificamos que dada la complejidad del tema tanto para los gobiernos, para la sociedad civil organizada y para las pastorales de Iglesias locales en los países de emisión, de recepción y tránsito de migrantes, se necesita observación y análisis continuo, con perspectiva antropológica, y con perspectiva a largo plazo para una comprensión precisa y sobre todo operativa.

 

Es nuestro objetivo, como fundación global y de segundo piso, fomentar precisamente entre los actores más diversos posibles, el desarrollo y adquisición de narrativas de inclusión, solidaridad y empatía, que permitan fomentar el acervo estratégico de voluntad política como vivero de alianzas intersectoriales que ofrezcan soluciones creativas y sostenibles en todos los niveles de intervención. Ante estas realidades, es claro que es absolutamente necesario que medios como este de la red global SIGNIS, sirvan de “micrófono” para lograr que estas nuevas narrativas lleguen a los espacios apropiados a fin de inspirar a una urgente e inmediata participación familiar, eclesial, social, gubernamental, académica y empresarial, efectiva en soluciones concretas.

 

¿Qué respuestas podemos ayudar a que se ofrezcan?

 

Como vemos en esta exposición, todo fenómeno humano es necesariamente de gran complejidad y se compone de multitud de factores, inclusive también el tiempo y la participación de muchísimas participaciones individuales y grupales. Por tanto, toda acción humana dirigida a resolver problemas humanos, será siempre limitada. Será siempre imposible contrarrestar o al menos intentar responder de forma ordenada a un fenómeno, con soluciones simples. Soluciones humanas, soluciones cristianas. Una respuesta actual e inteligente por parte de la Iglesia en su caminar en la historia. Claro que muchas veces ante tales panoramas, desearíamos y pedimos ante el drama humano que significan fenómenos como el de la migración, los desastres naturales o las guerras, que hubiera una intervención divina. Claro que sí podría ser. Sin embargo, mientras —nosotros—la humanidad, asumiendo su autoridad e inteligencia, usando la ciencia administrativa, social, médical, de forma que lo que sí haya sea una intervención humana, no para todo el fenómeno, pero sí para lograr la modificación de algunos aspectos específicos que sí se pueden tener peso específico para que dicho fenómeno se modifique.

 

Por ejemplo, si generamos entre muchas, miles de acciones, que por ser miles, y que se repitan millones de veces que se hagan una costumbre, sabemos que por consecuencia si podrán nutrir una cultura y si será posible incidir ante la realidad humana. Es así que apelo a la responsabilidad de todo cristiano para participar en la sociedad, con un mismo corazón, con una misma visión. ¿Qué características tendrían que tener esas potenciales miriadas de acciones concretas con las que sí podemos hacer con el natural liderazgo social del comunicador católico?  Cada quien pone su parte. Eso es a lo que pretende, de manera audaz, invitarle a usted, amable lector de este artículo: intentar que entre muchos, propongamos y ejecutemos narrativas nuevas, y que entre muchos podamos crear y establecer nuevas condiciones, para que todas las naciones puedan vivir en paz. ¿Quién se suma?

 

http://poblacion.population.city

 

https://www.acnur.org/noticias/press/2018/6/5b29091d4/con-68-millones-de-personas-desplazadas-es-urgente-un-pacto-mundial-sobre.html

 

https://media.ifrc.org/global-review-on-migration/es/anexo-c-tendencias-de-la-migracion-y-capacidad-de-resistencia-de-la-comunidad/

 

UN Migration Agency, Migration Trends in the Americas, July 2018.

 

* Consultora en Antropología Social Aplicada para el desarrollo, Co-Presidente de Fundación VidaFlorida/Coalición Global “De Oceano A Oceano” y de ESCIENCIS (Alianza Global para la Salud. Miembro de SIGNIS México.

 

contacto@vidaflorida.org

 

Artículo publicado en la revista digital Punto de Encuentro de SIGNIS ALC, diciembre de 2018

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