Tras el terremoto que sacudió Colombia el pasado 10 de agosto, el Banco de Alimentos de la arquidiócesis de Bogotá ha asumido un papel central en la articulación de la ayuda humanitaria para las comunidades afectadas, mientras el desastre deja más de 300 fallecidos, cientos de desaparecidos y más de 123.789 familias afectadas.
En conversación con Vatican News, el padre Daniel Saldarriaga, director de la institución, destacó la amplia respuesta de ciudadanos, empresas y voluntarios ante el llamado de solidaridad promovido por la campaña “Colombia nos necesita”.
El alcance de la tragedia ha obligado a llevar la solidaridad más allá de Bogotá. A través de una articulación con los territorios, las ayudas son recibidas, organizadas y distribuidas según las necesidades de cada comunidad. Para el padre Saldarriaga, esta respuesta revela que, ante el sufrimiento, la Iglesia puede convertirse en un punto de encuentro capaz de unir y movilizar voluntades.
“El ‘Denles ustedes de comer’ de Jesús se ha convertido hoy en un imperativo para la Iglesia en Colombia”, observó el sacerdote, al señalar que la misión busca atender las necesidades de las familias que, tras el terremoto, perdieron bienes y medios para garantizar su sustento.
Una red que articula la solidaridad
Durante 25 años, el Banco de Alimentos ha aprendido a sumar voluntades y a poner en común los esfuerzos de distintos sectores para responder a las necesidades de quienes más lo requieren.
La emergencia ha activado una red de solidaridad que alcanza distintos territorios. “Hoy somos 26 bancos de alimentos que estamos muy de cerca con las pastorales sociales del país”, señaló Saldarriaga. A través de esta articulación, las donaciones pueden llegar a Cali, Pereira, Manizales, Armenia, Quibdó, Istmina, Cartago y Palmira.
La emergencia ha convertido los centros de acopio en espacios de encuentro y solidaridad. Allí, voluntarios clasifican y empacan las donaciones, mientras colegios, empresas, vecinos y comunidades religiosas aportan tiempo, recursos y capacidades para acompañar a quienes enfrentan las consecuencias del desastre.
Donaciones que llegan a los territorios
Hasta ahora, la campaña ha movilizado 325 toneladas de ayuda humanitaria, que incluyen alimentos, insumos hospitalarios, ropa, artículos de aseo y otros productos de primera necesidad, que ya han sido destinadas a las comunidades afectadas.
A la cadena de solidaridad se ha sumado el gremio transportador, que ha puesto su capacidad logística al servicio de la emergencia para llevar las donaciones a las zonas afectadas. “No nos está costando el transporte”, explicó Saldarriaga, al resaltar la generosidad de quienes han contribuido a esta labor.
Saldarriaga recordó que la capacidad logística desplegada ahora tiene como antecedente otras experiencias de ayuda humanitaria. Tras el terremoto registrado en Venezuela el pasado 24 de junio, el Banco de Alimentos desarrolló durante cinco semanas una campaña de apoyo, sorteando las dificultades para movilizar las donaciones entre Caracas y Bogotá.
Una solidaridad que debe continuar
La respuesta, según Saldarriaga, no puede limitarse a los días de mayor visibilidad de la emergencia. El desafío será mantener el compromiso cuando disminuya la atención pública y las comunidades sigan necesitando acompañamiento. “Hoy es importante que demos con el amor que el Señor nos pide”, apuntó.
El acompañamiento del cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y primado de Colombia, también ha marcado estas jornadas, en las que ha reconocido la confianza de empresas y ciudadanos en la respuesta solidaria de la Iglesia.
La emergencia también recuerda que la solidaridad no puede agotarse en los primeros días. Acompañar a las comunidades en su recuperación será parte de este camino. “Sigamos sumando, sigamos ayudando”, expresó el cardenal Rueda, animando a mantener una ayuda que se convierte en cercanía y presencia concreta.
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