Con un manifiesto concluyó en Asunción la Semana Social Paraguaya 2026 centrado en la defensa de la dignidad humana ante las transformaciones sociales y la revolución tecnológica. La declaración recoge las conclusiones de las jornadas de escucha, reflexión y discernimiento realizadas entre el 15 y el 17 de septiembre, convocadas por la Pastoral Social Nacional, Cáritas Paraguay y la Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción.
La dignidad humana aparece como el principal criterio planteado por el manifiesto para afrontar la revolución tecnológica. Bajo el lema “Custodiar a la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”, el documento sostiene que todo cambio social y tecnológico debe contribuir a “fortalecer la justicia, cuidar la Casa Común y construir fraternidad”.
La Iglesia pone en valor las oportunidades que abre la inteligencia artificial, pero advierte que sus avances no garantizan por sí mismos un mayor bienestar para la sociedad. Frente a ello, reclama prestar atención al poder y a los intereses que intervienen en su desarrollo: “La pregunta decisiva no es solamente qué puede hacer, sino quién la controla, con qué recursos, para beneficio de quién y con qué consecuencias para las personas y los pueblos”.
Desigualdad, vigilancia y costos sociales de la transformación digital
Los participantes llaman la atención sobre los desafíos que plantea la revolución digital en un país marcado por profundas desigualdades, debilidades en los sistemas educativo y sanitario, informalidad laboral y fragilidad institucional. El manifiesto cuestiona además la concentración de recursos tecnológicos y advierte sobre el “capitalismo de vigilancia”, mediante el cual “nuestros datos, hábitos, relaciones y comportamientos” pasan a convertirse “en recursos económicos”.
La inteligencia artificial tampoco es ajena a los impactos sobre el ambiente y las comunidades, advierte el manifiesto. Su funcionamiento demanda minerales, agua, energía, centros de datos e infraestructura y depende también de trabajos humanos muchas veces invisibilizados y precarizados. El documento alerta así sobre inversiones que pueden concentrar beneficios mientras trasladan los costos ambientales, sanitarios y sociales a las familias.
Ante la incorporación creciente de la inteligencia artificial en la educación, el manifiesto reclama preservar el pensamiento crítico y el desarrollo integral de los estudiantes. “La inteligencia artificial debe ayudar a pensar y no sustituir el pensamiento, el esfuerzo ni la responsabilidad del estudiante”, afirma. Por ello, llama a fortalecer la comprensión lectora, las humanidades, el arte y la ética, además de acompañar a los docentes y proteger los datos de niños, jóvenes y familias.
Llamado al Estado y a una ciudadanía activa
El documento expresa una fuerte preocupación por las prácticas que debilitan la participación ciudadana y los derechos de las comunidades. Denuncia “el uso clientelista de los recursos públicos, la corrupción, la persecución de quienes defienden sus territorios y el miedo que paraliza la participación”, y reclama reconocer a las comunidades como protagonistas de los procesos sociales y de las decisiones que afectan sus vidas.
En el documento atribuyen al Estado un papel clave para garantizar que la transformación tecnológica respete los derechos humanos. Por ello, reclama normas que protejan los datos personales, la privacidad y la no discriminación, así como transparencia algorítmica, evaluación independiente y mecanismos de reclamo, corrección y reparación ante posibles daños. También llama a fortalecer la educación, la investigación y las capacidades tecnológicas nacionales.
El llamado del manifiesto alcanza a todos los sectores de la sociedad: empresas, universidades, medios, Iglesias y organizaciones sociales, a quienes pide actuar con transparencia y poner sus capacidades al servicio de los más vulnerables. A la ciudadanía le plantea el desafío de organizarse, participar y asumir un papel activo en la construcción del futuro. “No dejemos que nuestro futuro sea decidido por otros. Organicemos la esperanza para que ninguna persona sea descartada, ninguna comunidad sea silenciada”.
Frente a los desafíos planteados, la declaración concluye con un llamado a no renunciar a la esperanza y a orientar las transformaciones hacia el bien común. El manifiesto sostiene que es posible una tecnología al servicio de la humanidad, una educación crítica y solidaria y el cuidado de la Casa Común, para avanzar hacia un Paraguay “más justo, fraterno, soberano y digno para todos y todas”.
Escrito por: Luz Marina Medina
Fuente: Celam.org
Foto: Celam.org


