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América Latina y El Caribe en su laberinto

SIGNIS ALC

08 junio 2017

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América Latina y El Caribe en su laberinto

América Latina y El Caribe en su laberinto

En este tiempo, en el que todos los futuros son posibles, es necesario trabajar desde una irrenunciable opción preferencial por los más pobres, para que nuestro continente se inscriba en otro paradigma, propio, que nos una, que nos reubique en la fila de.

Adalid Contreras Baspineiro*

 

1.         El mundo está cambiando

 

Un revelador grafiti leído en una pared de no recuerdo dónde, decía: “capitalismo, tus siglos están contados”. El sentido del mensaje guardaba relación con la creencia generalizada que la globalización había venido al mundo para quedarse. Los recetarios de los modelos de ajuste estructural, la liberalización de las economías, la privatización de las sociedades y la fatalidad sensacionalista de los estilos de comunicación, parecían confirmarlo.

 

Pero en los hechos el modelo no funcionó como motor de la economía; la apertura comercial sin fronteras y la autorregulación del mercado no resultaron en crecimiento y pleno empleo; la privatización de la sociedad no provocó estabilidad, ni el modelo empresarial de los poderes significó soluciones políticas para las naciones. Por el contrario, los efectos reales del modelo se expresaron en un debilitamiento extremo de los aparatos de Estado; incremento preocupante de los índices de pobreza; crecimiento de las tasas de desempleo y precarización del empleo; ampliación de la brecha de desigualdad; naturalización de las inequidades; estancamiento económico prolongado; inseguridad ciudadana; inmediatismo con pérdida de capacidad para planificar el largo plazo; pérdida ciudadana de sus derechos económicos, sociales y culturales; acelerada depredación de la naturaleza a costa del crecimiento y reemplazo de las políticas nacionales por reformas compensatorias transitorias.

 

En estas condiciones, el modelo provocó agotamiento ciudadano e inconformidades estatales y se empieza a desgarrar desde dos fuentes alternativas: i) la emergencia de gobiernos que buscan alternativas impulsados por las reivindicaciones de los movimientos sociales; y ii) en la mayor de las paradojas, el modelo globalizador encuentra trabas en su propio seno, a tal punto que sus propios gestores plantean cuestionamientos.

 

En relación a la primera fuente de desestabilización, diversos países latinoamericanos establecen democráticamente gobiernos y modelos públicos que se constituyen en un traspié de la ideología de la globalización, impulsando opciones constitucionales y programáticas anti o postneoliberales. Sus gestiones permiten reducir los índices de pobreza y desigualdad y generar constitucionalismos garantistas de los derechos humanos y de la naturaleza. Sin embargo, estos esfuerzos no alcanzaron a desarrollar sistemas de gobernanza sostenible para superar sus vulnerabilidades frente a factores externos como la disminución de los precios en las materias primas y commodities, así como la contracción de los mercados y la crisis financiera internacional. Pero también factores internos como la corrupción, el desarrollo de programas extractivistas y desarrollistas, o la lentitud en los procesos de transformación de la matriz productiva y en la generación de empleos, además de la persistencia de la pobreza, contribuyen a situaciones de desencanto con sus posibilidades reivindicacionistas.

 

Pero el elemento más llamativo de desgajamiento de la inmutabilidad de la globalización, es que el modelo emergente del Consenso de Washington se resiente incluso en las economías, sociedades y sistemas políticos de los países más desarrollados que manejan los hilos del mercado y deciden los destinos de las geopolíticas internacionales. En su pretensión por concentrar aún más riqueza y poder, empiezan a reacomodar sus políticas nacionales con medidas proteccionistas, afectando de este modo el eje motor de la globalización, es decir la economía de mercado.

 

Es difícil afirmar que “la globalización ha muerto”, como lo sugirió Álvaro García Linera, Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, pero es cierto que se quedó sin su pretendido horizonte único, victorioso, porque se diluye en sus propias limitaciones. El mundo entra en una situación de turbulencia basada en estas características: i) vivimos una situación de desorden mundial con el ultraproteccionista modelo Trump; ii) los epicentros mundiales tienden a ser bireferenciales: Beijing y Washington; iii) el mundo es cada vez más inseguro e insolidario: el terrorismo se desplaza hacia los centros metropolitanos; y iv) estamos cada vez más incomunicados.

 

2.         América Latina se está desordenando

 

En este contexto de inestabilidad prolongada, sistemática, persistente y profunda, también América Latina y el Caribe se está desordenando. Los giros del desorden del mundo bipolar están empujando el continente hacia estas situaciones: i) la reprimarización de sus economías; ii) la erosión de sus conquistas sociales; iii) una situación de inestabilidad destituyente; iv) el debilitamiento de los sistemas de integración; y v) una paz condicionada.

 

i)          Reprimarización de la economía

 

Ya los procesos aperturistas cerraron toda posibilidad de inversión en transformación productiva. La arquitectura de créditos, cooperación e inversión financiera está dirigida a obras de infraestructura y ampliación de servicios. Los intentos de transformación de la matriz productiva son resultado estrictamente de esfuerzos nacionales y de integración regional. La globalización mantuvo y perfeccionó la función extractora y exportadora de materias primas de nuestros países, concediendo algunos espacios para algunos productos industrializados, por lo general manufacturas baratas, siempre y cuando no afectaran sus economías internas y sus reglas del juego establecidas en los Tratados de Libre Comercio (TLCs)

 

Con el proteccionismo actual, los procesos de industrialización encarados por nuestros países corren el riesgo de convertirse en cementerios de maquilas, desindustrializarse, o subsumirse en capitales mutinacionales, o bien volcarse hacia el mercado interno y regional en sistemas sur-sur, organizando economías de escala y fortaleciendo los mercados subregionales como la CAN, MERCOSUR, SICA y CARICOM. El camino no es sencillo ni optimista, pues nuestras economías han demostrado su vulnerabilidad frente a los vaivenes del desorden mundial.

 

En el Informe sobre Desarrollo 2016, PNUD destaca los “extraordinarios avances” logrados en los últimos 25 años por los países latinoamericanos y del Caribe, pero subraya que éstos “ocultan un progreso lento y desigual en el caso de ciertos grupos”. En conjunto, los Estados de la región tienen un Índice de Desarrollo Humano (IDH) de 0,751 -sobre un máximo de 1- y se sitúan por delante de otras áreas como Asia Oriental y el Pacífico, las naciones árabes, el sur de Asia o el África Subsahariana.

 

Dentro del continente, sin embargo, hay diferencias. Chile en el puesto 38, y Argentina en el 45, son los únicos países latinoamericanos con un desarrollo humano muy alto. Uruguay (en el puesto 54), Panamá (60), Costa Rica (66), Cuba (68), Venezuela (71), México (77), Brasil (79), Perú (87), Ecuador (89), Colombia (95) o la República Dominicana (99) tienen desarrollo alto. Por detrás, como países de desarrollo humano medio aparecen Paraguay (110), El Salvador (117), Bolivia (118), Nicaragua (124), Guatemala (125) y Honduras (130). Mientras que Haití se sitúa en el puesto 163 con desarrollo humano bajo. Pero pese a sus diferencias, los países latinoamericanos comparten de manera generalizada el problema de la desigualdad.

 

ii)         Erosión de las conquistas sociales

 

A título de recomposición y cambio, las corrientes de neoliberalización en algunos países de la región están afectando dramáticamente las conquistas sociales, con medidas basadas en una reprivatización de los servicios básicos, la educación, la salud y la seguridad social; el desempleo masivo; la precarización laboral; el encarecimiento del costo de vida y el estancamiento de los ingresos. En Argentina las tarifas de agua, luz y gas aumentaron en más del 400%, el costo del transporte duplicó su precio.

 

En la medida que éste es un factor que afecta directamente la vida de los ciudadanos, en particular de los sectores más empobrecidos, su defensa canaliza formas organizativas y movilizaciones que se traducen en reivindicaciones no sólo sectoriales y temáticas, sino relacionadas con la misma democracia. Veamos tres casos, como ejemplo. En Brasil, las siete mayores centrales sindicales se movilizaron para resistir las reformas impulsadas por el gobierno de Michel Temer, particularmente la aprobación en la Cámara de Diputados del proyecto de ley que autoriza la tercerización (subcontratación) que sin duda tiene como destino la precarización del mercado laboral, con lo que empeorará la situación de los trabajadores brasileños, con subcontratos sin responsabilidades sociales que podrían incrementarse de 13 a más de 52 millones.

 

Otro caso representativo es el que está ocurriendo en Chile, con el rechazo al sistema de AFP y la exigencia de un sistema “de reparto, tripartito y solidario” para las pensiones. Multitudinarias manifestaciones respaldan el movimiento “No+AFP”, para la eliminación del sistema porque los retornos de las aseguradoras a los trabajadores y a los jubilados son bajos en relación a los aportes, además de su marcada desigualdad en materia de equidad de género.

 

También las movilizaciones ciudadanas en la Argentina son paradigmáticas del descontento y de la acumulación de protestas, que podrían ser la base para diseñar alternativas organizadas de recuperación de una democracia, con atención prioritaria a los ciudadanos. En una reciente movilización contra las dictaduras y el gobierno antipopular de Macri, miles de ciudadanos de todos los sectores y organizaciones recorrieron las calles haciendo sentir su descontento y la rearticulación de su fortaleza. Como dicen sus dirigentes “nos dimos cuenta de que somos más de lo que creemos, y que si nos uniéramos por encima de las siglas estaríamos construyendo un germen de poder popular imparable”. Lo están intentando, de a poquito.

 

iii)        Inestabilidad destituyente

 

Dinámicas internas y externas presionan para desestabilizar las democracias nacionales, cuestionándolas en sus esquemas de gobernabilidad, liderazgos y control social. Es evidente el propósito de inestabilidad destituyente para el retorno de políticas aperturistas que hoy quedan sin techo ni piso, dado el proteccionismo de los países más desarrollados que incentivaban el libre comercio. Nuestros países son clasificados como preferenciales o descartables en función de su acomodo y conveniencia a las economías centrales y a sus sistemas de hostilidad xenofóbica hacia nuestros ciudadanos.

 

Una de las expresiones más representativas de desestabilización del orden democrático es el golpe parlamentario a Dilma Rousseff, en un inédito impeachment sin demostración de elementos de violación a la ley por parte de la ex presidenta, y con una sucesión de evidencias de un juicio por parte de quienes deberían ser los condenados.

 

Otro referente es el incesante y sistemático atosigamiento desde distintos frentes internos y externos en Venezuela, amparados en la situación de crisis estructural que vive ese país. Son conocidas ya las intervenciones concertadas entre los grupos de poder venezolanos, sus medios de comunicación, crecientes movilizaciones ciudadanas de oposición, y una más evidente posición internacional de posiciones divididas entre quienes abogan en la OEA por la aplicación de la Carta Democrática Americana, so pretexto de una pretendida situación de crisis humanitaria, y quienes recomiendan medidas de diálogo y resolución nacional de la crisis.

 

Con otras características, los procesos destituyentes afectan con rigurosos esquemas de descrédito gubernamental, desde dinámicas nacionales e internacionales que se amparan en denuncias sobre actos de corrupción que en realidad no buscan ser esclarecidos, sino activados como detonantes de desestabilización.

 

Una forma de desestabilización propiciada por las propias medidas gubernamentales, son las que rayan en la línea de afectación de las reglas democráticas, especialmente con los propósitos de ampliación de los mandatos constitucionales, que en la generalidad de los países obligan a realizar modificaciones en las cartas magnas, en las que se establece como límite máximo una reelección. Dependiendo de los países, estas medidas confrontan a los poderes ejecutivos con las ciudadanías, especialmente de oposición, o, en otros, a los legislativos con la ciudadanía. El caso de Paraguay, que deriva en una movilización ciudadana y la desaprobación en el Congreso de un proyecto de ley que abre la puerta a la re postulación de Cartes, es representativo de lo dicho. También las tensiones que genera la posibilidad de la re postulación de Evo Morales en Bolivia, desconociendo los resultados de un referéndum nacional, es otro caso representativo.

 

Se podría decir que el acumulado de estas y otras formas de inestabilidad, abona el terreno para fórmulas que están latentes en los esquemas de guerra sucia, de baja intensidad, que se manejan a nivel mediático, económico y político. Su insistencia en una región segmentada en tendencias que lejos de buscar puntos de convergencia se fanatizan y polarizan, busca provocar la explosión de indeseados desbordes de violencia que se convertirían en la razón y motivo para un intervencionismo diplomático y militar.

 

iv)        Intentos de debilitamiento integracionista

 

En otro tema, con el proteccionismo en las economías centrales y la neoliberalización en las nuestras, el mundo de las interconexiones está pasando de la extroversión a la introversión, afectando los sistemas de integración pluralistas por un retorno a republiquetas aggiornadas en prácticas exclusivistas, como, por ejemplo, la pretensión de un Mercosur acortado.

 

Carlos “Chacho Álvarez”, Secretario General de ALADI, se pregunta ¿está Latinoamérica preparada o tiene la suficiente identidad para generar una acción de conjunto, frente a una coyuntura que por lo menos podemos definir como desafiante? Y a contracorriente de los propósitos de debilitamiento de nuestros procesos de integración, sugiriere un tratado  de nueva generación que ayude a fortalecer el mercado ampliado, permita aumentar el comercio intrarregional, potencie las complementariedades productivas y sectoriales e incorpore todos los avances que se han llevado adelante en los organismos subregionales en términos políticos, económicos, comerciales, sociales y culturales.

 

Se trata de reducir vulnerabilidades, cumpliendo dos objetivos: conformar un mercado latinoamericano y dotar a la región de un mayor protagonismo político global con una sola voz, articulando una mirada común sobre los grandes temas de la agenda global.

 

v)         La paz condicionada

 

La seguridad sigue siendo “un problema acuciante” en el continente, con tasas de homicidios y de encarcelamiento muy altas en comparación con otras regiones, y con afectaciones especiales en países de América Central, por efecto de factores sociales y económicos asociados al pasado de conflictos armados que son base de una especie de “cultura de la violencia” urbana y actividades criminales no exentas de vinculaciones de las Maras y pandillas con el narcotráfico y el tráfico de armas.

 

En otro orden, el femicidio es una expresión de violencia no superada y que requiere que los esfuerzos que realizan los países para controlarlo sean más certeros y efectivos, tanto en el campo de la prevención como en el de la aplicación de las leyes.

 

Un caso reciente que ha conmovido al mundo es el denominado “femicidio institucional” atribuido al Estado de Guatemala por la muerte de niñas en un orfanato, que se destapó, gozaba de la tolerancia de funcionarios para el cometimiento de abusos, torturas y violaciones sexuales contra niñas, niños y jóvenes.

 

La búsqueda de paz en Colombia sigue un escabroso y complejo recorrido. Después de aproximadamente cuatro años de intensa negociación y consensos sobre puntos base para la paz, el plebiscito del 21 de octubre de 2016 decidió no respaldar las fórmulas propuestas para su superación. Esta paradójica decisión fue enmendada luego por nuevos acuerdos que visibilizan una voluntad de solución del conflicto armado, al mismo tiempo que dibujan luces de esperanza. El proceso está encaminado.

 

3.         Los caminos de la esperanza

 

Sería dramático si decidiéramos marchar al compás del desorden mundial y de la pretensión desaceleradora de nuestro continente. Los pueblos están tejiendo esperanzas, recorriendo otros caminos que sugieren activar la geopolítica integracionista solidaria sur-sur; recoger los sentidos de las movilizaciones ciudadanas contra la regresión empobrecedora; fortalecer nuestros sistemas políticos y económicos plurales; y asumir el momento de desorden como un territorio de fertilidad para crear y construir proyectos que no se aferren a las certezas heredadas y aplicadas ortodoxamente como recetarios.

 

En este tiempo, en el que todos los futuros son posibles, es necesario trabajar desde una irrenunciable opción preferencial por los más pobres, para que nuestro continente se inscriba en otro paradigma, propio, que nos una, que nos reubique en la fila de países con futuro, y que canalice las utopías y realizaciones cotidianas de otro mundo posible.

 

¿Dónde están los caminos de la esperanza? Sin duda que en las historias de resistencia y proyección de nuestros pueblos. En sus experiencias comunitarias de organización y de vida, en sus emprendimientos de sistemas de economía solidaria y comercio justo, en los que se prioriza al ser humano y la naturaleza por sobre el capital.  Los caminos de esperanza están en las luchas de los defensores de los derechos de las mujeres, laborales, ambientales, de la salud, la educación, las culturas y tantos otros que dignifican las sociedades. También en las experiencias de comunicación comunitaria, popular, educativa y evangelizadora que reivindican el derecho a la democratización de la palabra, la comunicación y las sociedades, son señales de esperanza.

 

En estos tiempos no se pueden dejar de valorar, como caminos para construir sociedades de solidaridad, los avances constitucionales logrados en diversos países, reivindicando la vigencia de los derechos humanos integrales y de la naturaleza como normas exigibles y justiciables. Estos constitucionalismos garantistas son conquistas de las reivindicaciones ciudadanas expresadas en el ámbito político.

 

Nuestro destino está en la sociedad del Vivir Bien / Buen Vivir, o sociedad de la vida buena en plenitud, convivencia comunitaria y armonía individual, social y con la naturaleza, para que vivamos todos y todas en situaciones de vida digna, sin carencias ni acumulaciones que generen asimetrías. La sociedad del Vivir Bien/Buen Vivir es la búsqueda permanente de equilibrio en relaciones incluyentes con justicia y primacía de los derechos humanos y de la naturaleza; es la integridad en los valores y comportamientos para la relación fraterna, la equidad, inclusión e igualdad y el reconocimiento afectivo y solidario; es una sociedad con acceso directo a los bienes comunes de la humanidad (vivienda, salud, educación, seguridad alimentaria, comunicación) y de los bienes de la naturaleza (agua, tierra, aire, ecosistemas); es participación y diálogo entre los múltiples actores en una relación democrática donde la ciudadanía alimenta las políticas públicas y los Estados promueven mecanismos de una vida equitativa y solidaria.

 

* Sociólogo y comunicólogo boliviano. Ha sido Secretario General de la Comunidad Andina – CAN

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