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Comunicación para la “nueva normalidad”

SIGNIS ALC

10 diciembre 2020

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Comunicación para la “nueva normalidad”

Comunicación para la “nueva normalidad”

Carlos Ayala Ramírez (*)

 

¿Nueva normalidad o nueva realidad?

 

Con frecuencia hemos escuchado que tras la pandemia debemos prepararnos para la “nueva normalidad”. Este término es ambiguo porque supone que antes de la pandemia había una situación “normal” y que, después de la pandemia, las nuevas condiciones exigirían una nueva normalidad. Pero ¿qué es normal? ¿Es normal el sistema económico, social y político de donde venimos y en el que estamos? ¿Son normales las numerosas formas de injusticia, nutridas por un modelo económico basado en las ganancias, que no duda en explotar, descartar e incluso matar al ser humano?  ¿Es normal que una parte de la humanidad viva en opulencia, mientras otra parte ve su propia dignidad desconocida, despreciada o pisoteada y sus derechos fundamentales ignorados o violados? ¿Es normal un mundo donde los migrantes no son considerados suficientemente dignos para participar en la vida social como cualquier otro?

 

El papa Francisco ha expresado sus preocupaciones por lo que puede ocurrir pasada la crisis. Expresa que la peor reacción sería la de caer aún más en una fiebre consumista y en nuevas formas de autopreservación egoísta. Y pone de manifiesto cuatro hondos deseos para contrarrestar esas tendencias: “Ojalá que al final ya no estén los ‘otros’, sino sólo un ‘nosotros’. Ojalá no se trate de otro episodio severo de la historia del que no hayamos sido capaces de aprender. Ojalá no nos olvidemos de los ancianos que murieron por falta de respiradores, en parte como resultado de sistemas de salud desmantelados año tras año. Ojalá que tanto dolor no sea inútil, que demos un salto hacia una forma nueva de vida y descubramos definitivamente que nos necesitamos y nos debemos los unos a los otros, para que la humanidad renazca con todos los rostros, todas las manos y todas las voces, más allá de las fronteras que hemos creado”.

 

En esta línea ha recalcado que este “no es el tiempo de la indiferencia”, porque el mundo entero está sufriendo y tiene que estar unido para afrontar la pandemia. “No es el tiempo del egoísmo”, porque el desafío que enfrentamos nos une a todos y no hace acepción de personas. “No es el momento para seguir fabricando y vendiendo armas”, gastando elevadas sumas de dinero que podrían usarse para cuidar personas y salvar vidas. “No es el tiempo del olvido”, espera que la crisis que estamos afrontando no nos haga dejar de lado a tantas otras situaciones de emergencia que llevan consigo el sufrimiento de muchas personas.

 

En consecuencia, para el papa Francisco, “la normalidad” no será la mera continuación del pasado, como tampoco la cancelación de este duro momento, sino una puesta en juego de todos nuestros recursos y creatividades para transformar el presente en el eslabón de una nueva oportunidad. Para lograr ese cambio, el papa aboga por una organización social basada en el “contribuir, compartir y distribuir con ternura, no en el poseer, excluir y acumular”. Hay que diseñar sistemas de organización social en los que se premie la participación, el cuidado y la generosidad, en vez de la indiferencia, la explotación y los intereses particulares.

 

En este marco, el papa considera que “los medios de comunicación pueden ayudar a que nos sintamos más cercanos los unos de los otros, a que percibamos un renovado sentido de unidad de la familia humana que nos impulse a la solidaridad y al compromiso serio por una vida más digna para todos”.

 

La parábola del buen samaritano es también una parábola del comunicador

 

Para el Papa, la misericordia samaritana no se reduce a un mero sentimiento empático, incluye además la acción por aliviar el sufrimiento del otro y el riesgo de compartir su destino. La encíclica [Fratelli tutti], siguiendo el relato del evangelista Lucas, sintetiza la reacción del samaritano así: se compadece, se acerca, venda al herido, lo monta en su propia cabalgadura, lo lleva a la posada y lo cuida. Todo un itinerario de lo que significa la proximidad, de lo que significa “ser humano”, de lo que significa ser hermano.

 

Ahora bien, ¿cómo se expresa el valor de la “proximidad” en el uso de los medios de comunicación y en el nuevo ambiente creado por la tecnología digital? El Papa descubre una respuesta en esta parábola del buen samaritano que, a su juicio, es también una parábola del comunicador, porque quien comunica se hace prójimo, se hace cercano. Más todavía, el buen samaritano no sólo se acerca, sino que se hace cargo del hombre medio muerto que encuentra al borde del camino. Jesús invierte la perspectiva: no se trata de reconocer al otro como mi semejante, sino de ser capaz de hacerme semejante al otro. Por tanto, desde perspectiva de la “proximidad”, comunicar significa tomar conciencia de que somos humanos. Por el contrario, cuando la comunicación tiene como objetivo preponderante inducir al consumo o a la manipulación de las personas, nos encontramos ante una agresión violenta como la que sufrió el hombre de la parábola: apaleado y abandonado por los bandidos.

 

La parábola del buen samaritano, entonces, se convierte en una parábola del comunicador cuando, según el Papa, la comunicación se constituye en “aceite perfumado para el dolor y en vino nuevo para la alegría”. Cuando la “luminosidad no provenga de trucos o efectos especiales, sino de acercarnos, con amor y ternura, a quien encontramos herido en el camino”. En este sentido se puede hablar de la revolución de los medios de comunicación y de la información como un desafío grande que requiere energías renovadas y una imaginación nueva. En esta línea, se menciona que “Internet puede ofrecer mayores posibilidades de encuentro y de solidaridad entre todos”.

 

Pero para que esto ocurra, no basta con pasar por las “calles” digitales, es decir, simplemente estar conectados. Es necesario que la conexión vaya acompañada de un verdadero encuentro. El papa señala que el mundo de los medios de comunicación no puede ser ajeno de la preocupación por la humanidad, sino que está llamado a expresar solidaridad. En consecuencia, la red digital puede ser un lugar rico en humanidad: no una red de cables, sino de personas. “Aislamiento, no; cercanía, sí. Cultura del enfrentamiento, no; cultura del encuentro, sí “.

 

Hacia una nueva realidad: el aporte de los medios de comunicación social

 

Más que hablar de “nueva normalidad”, el papa Francisco plantea la necesidad de construir una “nueva realidad”. Ha sido enfático al declarar que para salir de la pandemia no hace falta solo lograr una cura contra el Covid-19, sino también para los grandes virus humanos y socio económicos. En esta línea proclama que “es tiempo de eliminar las desigualdades, de reparar la injusticia que mina de raíz la salud de toda la humanidad”. Explica que volver simplemente a lo que se hacía antes de la pandemia puede parecer la elección más obvia y práctica; “pero ¿por qué no pasar a algo mejor? ¿Por qué reinvertir en combustibles fósiles, monocultivos y destrucción de la selva tropical, cuando sabemos que ello agrava nuestra crisis medioambiental? ¿Por qué retomar la industria armamentística, con su terrible desperdicio de recursos y su inútil destrucción?”. Son preguntas propositivas de cambio que requieren respuestas responsables.

 

Para el papa Francisco no podemos permitirnos escribir la historia presente y futura de espaldas al sufrimiento de tantos. De ahí sus nuevas preguntas que representan verdaderos desafíos y que no admiten rodeos: ¿Seremos capaces de actuar responsablemente frente al hambre que padecen tantos, sabiendo que hay alimentos para todos? ¿Seguiremos mirando para otro lado con un silencio cómplice ante esas guerras alimentadas por deseos de dominio y de poder? ¿Estaremos dispuestos a cambiar los estilos de vida que sumergen a tantos en la pobreza, promoviendo y animándonos a llevar una vida más austera y humana que posibilite un reparto equitativo de los recursos? ¿Adoptaremos como comunidad internacional las medidas necesarias para frenar la devastación del medio ambiente o seguiremos negando la evidencia?

 

Es la hora, pues, de ponernos a trabajar con urgencia para diseñar y generar sistemas de organización social inclusivos que posibiliten vida abundante. Es lo que el Papa denomina “sociedad solidaria y justa”. Los medios de comunicación social pueden y deben contribuir a ese propósito. Así lo ha manifestado el papa en sus diferentes mensajes sobre las jornadas mundiales de las comunicaciones sociales. Ahí expone formas específicas y decisivas de este aporte: opción de comunicar en la proximidad; utilizar el poder de la comunicación al servicio del encuentro y la inclusión; comunicar esperanza y confianza y frente a la proliferación de las noticias falsas, cultivar la verdad. En pocas palabras, poner a producir la función social de los medios. Veamos algunos presupuestos y argumentos de este planteamiento.

 

Frente a lo que el Papa llama los “pecados de los medios”, es decir, la desinformación (manipular la noticia), la calumnia (decir mentiras impunemente), la difamación (violentar el derecho a la buena imagen) y la coprofilia (amor al escándalo, a la morbosidad), se proclaman tres exigencias éticas: amar la verdad, poner la comunicación al servicio del encuentro y asegurar el respeto a la dignidad humana.

 

Ese amor a la verdad no tiene un sentido abstracto, sino muy concreto. Verdad, para el Papa, “es contar a las familias desgarradas por el dolor lo que ha ocurrido con sus parientes desaparecidos. Verdad es confesar qué pasó con los menores de edad reclutados por los actores violentos. Verdad es reconocer el dolor de las mujeres víctimas de violencia y de abusos. […] Cada violencia cometida contra un ser humano es una herida en la carne de la humanidad; cada muerte violenta nos disminuye como personas. […] La violencia engendra violencia, el odio engendra más odio, y la muerte más muerte. Tenemos que romper esa cadena que se presenta como ineludible”.

 

Por su parte, utilizar el poder de la comunicación al servicio del encuentro y la inclusión significa, tomar en serio las necesidades, angustias y esperanzas del otro. Situarlo como referente y luz de la comunicación. Y uno de los requisitos fundamentales para que esto sea así es el examen crítico respecto al lenguaje que se usa para comunicar la realidad, que no pocas veces termina encubriéndola o distorsionándola, según favorezca el propio interés o ideología.

 

La tercera exigencia para una comunicación que respete y fomente el valor de la dignidad humana, tiene que ver con la recuperación de la memoria histórica. Frente a una cultura de la fugacidad y el olvido, Francisco exhorta a no caer en la tentación de “dar vuelta a la página”. En la encíclica Fratelli tutti (n.249), el Papa afirma: “nunca se avanza sin memoria, no se evoluciona sin una memoria íntegra y luminosa”; “necesitamos mantener viva la llama de la conciencia colectiva, testificando a las generaciones venideras el horror de lo que sucedió”; [hay] que “despertar y preservar el recuerdo de las víctimas, para que la conciencia humana se fortalezca cada vez más contra todo deseo de dominación y destrucción”; [hay] que recordar a quienes “en medio de un contexto envenenado y corrupto fueron capaces de recuperar la dignidad y con pequeños o grandes gestos optaron por la solidaridad, el perdón, la fraternidad”.

 

Respecto a los medios de comunicación digitales el Papa hace una valoración crítica: pueden fortalecer la fraternidad y la solidaridad o pueden obstaculizarlas. La pueden obstaculizar “si se convierten en un modo de sustraerse a la escucha, de aislarse de la presencia de los otros, de saturar cualquier momento de silencio y de espera, olvidando que el silencio es parte integrante de la comunicación”. En cambio, pueden favorecerla cuando “ayudan a compartir, a permanecer en contacto con quienes están lejos, a hacer posible una y otra vez el encuentro”.

 

Al hablar de las sombras que caracterizan a este mundo, asocia la comunicación digital a esas sombras. Sobre todo, “cuando ésta se convierte en una especie de espectáculo que puede ser espiado, vigilado, y la vida se expone a un control constante […] Cada individuo es “objeto de miradas que hurgan, desnudan y divulgan, frecuentemente de manera anónima. El respeto al otro se hace pedazos”. Por ello se afirma que la actual comunicación digital “no basta para tender puentes, no alcanza para unir a la humanidad”.

 

En suma, la propuesta del papa Francisco apunta hacia un estilo comunicativo abierto y creativo, que favorezca la construcción de una nueva realidad; que no dé todo el protagonismo al mal, sino que trate de mostrar las posibles soluciones, favoreciendo una actitud activa y responsable en las personas a las cuales se dirige”. Esto supone introducir una nueva perspectiva en el enfoque de la realidad comunicada: “ofrecer a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo narraciones marcadas por la lógica de la «buena noticia”, esto es, “una comunicación constructiva que, rechazando los prejuicios contra los demás, fomente una cultura del encuentro que ayude a mirar la realidad con auténtica confianza”.

 

(*) Profesor del Instituto Hispano de la Escuela Jesuita de Teología (Universidad de Santa Clara, CA). Profesor jubilado de la UCA El Salvador; exdirector de Ysuca.

 

Artículo publicado en la revista digital Punto de Encuentro de SIGNIS ALC, diciembre 2020

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