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las redes y la importancia del rol de comunicadores

SIGNIS ALC

13 agosto 2019

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Comunidades digitales y comunidades humanas: las redes y la importancia del rol de comunicadores y constructores sociales

Comunidades digitales y comunidades humanas: las redes y la importancia del rol de comunicadores y constructores sociales

Por SIGNIS Mundial*En el Foro Mundial sobre la Educación 2015, celebrado del 19 al 22 de mayo de 2015 en Incheon (Corea del Sur), se estableció como uno de sus acuerdos promover oportunidades de aprendizaje de calidad a lo largo de la vida para todos, en todos los contextos y en todos los niveles educativos, así como fortalecer la ciencia, la tecnología y la innovación. 

La UNESCO declaró que era preciso aprovechar las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs) para reforzar los sistemas educativos, la difusión de conocimientos, el acceso a la información, el aprendizaje efectivo y de calidad, y una prestación más eficaz de servicios.

 

Hoy, en diversos países de Latinoamérica y del mundo, universidades ofrecen cursos y licenciaturas a distancia. A esta oferta se suman nuevos contenidos educativos en plataformas como YouTube, Vimeo, etcétera.

 

De entre las pregunta que surgen a partir de esta nueva esfera educativa es si estas instituciones y plataformas participan en ese espacio virtual con el fin de abrir el espectro de la educación, o solo se trata de una apuesta efectista y una estrategia de mercadotecnia. Ahora toca reflexionar: toda oferta de un servicio profesional exige mucho más que conocimiento y habilidades: exige la definición de su compromiso ético, de su responsabilidad ante la sociedad a la que sirve.

 

Esa responsabilidad se conoce como ethos y éste marca los límites, las fronteras que definen el respeto a los derechos humanos de quienes hacen uso de ese servicio. En el caso de las e-learning, (electronic learning o aprendizaje electrónico, en inglés), cuyo espectro educativo se ha ampliado en los últimos años, no basta ponderar los alcances tecnológicos que supone hoy el uso de las herramientas virtuales en las que se acorta la distancia y la información se transmite de manera inmediata a un número de usuarios a los que no se llegaría sin ellas.

 

Por eso, nuestro planteamiento es acercarnos al significado de esas fronteras éticas, ese valor al que debe comprometerse cualquier proceso educativo, incluidos los proyectos de e-learning.

 

En este sentido, de inmediato se aparece un viejo concepto: la paideia griega. En términos simples, ésta se traduce como el compromiso que adquiere todo aquél que asuma la educación como su tarea.

 

Compromiso que consiste en promover el desarrollo del potencial humano enfocado a la construcción de sociedades justas y solidarias. Vivimos en una era en la que se corre el riesgo de sucumbir ante el encanto que producen los alcances de inmediatez y de contacto simultáneo, de información que antes tardaría días, meses o años en llegarnos.

 

Ese encanto es, para muchos, un buen material para ser vendido a través de ofertas múltiples en la enseñanza y en la capacitación. Pero, el aprendizaje, el conocimiento, no son una mercancía de cambio o, al menos, no deben de serlo para el que se compromete en el ejercicio de la educación.

 

La frontera ética de las e-learning es el resultado de una construcción conjunta entre quien ofrece el servicio y quien lo adquiere. Si se quiere comparar, es similar a la oferta y a la demanda. Solo que aquí se requiere transformar y traducir el concepto de demanda.

 

Corresponde a los promotores de este tipo de enseñanza, detectar la diferencia entre lo que una sociedad demanda porque ha sido presa de la mercadotecnia, y lo que esa sociedad necesita y que no necesariamente demanda.

 

Dicho de otra manera, no todo lo que es de fácil venta, es lo que construye el bien común. Y es este término de bien común el que debe aportar fundamentación a la información, a las dinámicas, a los sistemas de evaluación sobre los que se confeccionan las e-learning.

 

El hecho de que las herramientas faciliten el acceso y se automaticen, no deben pasar por alto que detrás de quien enseña y de quien aprende está la humanidad que conforma a las sociedades. Una humanidad de la que depende el tipo de valores que prevalezcan en su dinámica de convivencia: optar por la libertad y el diálogo o por la esclavitud al mercado y a cualquier otro tipo de ideología que suprima los derechos humanos.

 

Por ello, es indispensable la contextualización cuando se alude a la ética: estamos llamados a considerar que en la actualidad los medios digitales modifican la dinámica de la comunicación humana, a tal punto, que se impone la necesidad de juzgar si esta dinámica contribuye a desarrollar la criticidad del ser humano, y si esa dinámica, cuya gestión es responsabilidad principalmente de los profesionales de la comunicación, colabora a la formación de ciudadanos que participen activamente en la resolución de conflictos y en la propuesta de alternativas para la construcción de una sociedad democrática (Postman, 2015. Ecología de los medios).

 

Las nuevas tecnologías ofrecen una gran oportunidad: impedir que se transforme el medio en un fin; no olvidar que tras el material de consulta, la ponderación de temas en la infinidad de cursos que proliferan en la red, hay un interés claro que puede ser constructivo o perverso.

 

Un interés que tienda a la formación integral de los seres humanos, o que fortalezca sectores e ideologías en favor de acrecentar poderes mercantiles, políticos y económicos. Toca ahora, gracias a las nuevas tecnologías, promover el diálogo humano. Un diálogo que está más allá de las herramientas que utilice, por más sofisticadas que éstas sean. Un diálogo hacia la construcción de sociedades justas y participativas en la verdad.

 

*Artículo tomado de la última edición de SIGNIS Media, de SIGNIS Mundial.

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